¿Fiesta de la hispanidad? II.  EL 12 de octubre en Abya Yala.

México como paradigma del Día de la Raza

María Jesús de Patricio Martínez es una avanzada en su patria mexicana, revolucionaria nata, radicalmente enfrentada al machismo brutal imperante en su sociedad fue la primera mujer que participó en una de las tres cuadrillas de ejecutantes en la “Danza de los Sonajeros” de Tuxpan que, antes de la conquista española, era una danza guerrera que representaba la marcha de las tropas al combate. Los gritos de la danza son gritos de combate y la sonaja representa a la maza de pelea. De las tres, la cuadrilla tradicional más reciente es la de “Pronunciados” así llamados por el “Pronunciamiento” de los indios nahuas de Tuxpan junto a los de Zapoltitic y Tamazula cuando se rebelaron contra el trato despótico que se practicaba en la hacienda “El Rincón” cercana a Ciudad Guzmán en Zapoltitic, finca de más de 7.000 Ha donde su propietario, el hacendado Severo Gómez Vizcaíno, explotaba unos 200 indígenas trabajadores de la hacienda. Parece una simple anécdota, pero en la sociedad nahua fue un triunfo la rotura del machismo imperante. Hoy en las cuadrillas de danzantes participan hombres, mujeres y niños, cada uno con su papel en la danza y se celebran durante tres días en honor de San Sebastián que, supuestamente, los salvó de la “peste negra”. Un caso más de sincretismo entre las creencias ancestrales y el cristianismo muy común en la América con fuerte presencia indígena. Por supuesto en sociedades como la cubana y las del Caribe en general, en que la presencia indígena (zaina) es casi nula, ese sincretismo es afrocristiano como el practicado por los ñáñigos.

En el último “Proceso Electoral Federal de 2017-2018” nombre oficial de las elecciones a Presidente de la República, conjuntamente con las de 128 Senadores y 500 Diputados Federales, organizadas, convocadas y supervisadas por el organismo estatal, constitucional y -supuestamente- autónomo, Instituto Nacional Electoral (INE) se permitió, por primera vez en la historia de la República, presentarse a “candidatos independientes” no nominados por partidos o coaliciones legalizados para todos los puestos elegibles, presidente, senadores y diputados. El Proceso, que la prensa calificó como “el mayor de la historia” por la cantidad de cargos en disputa, dio comienzo el 8 de septiembre de 2017 para realizar las inscripciones de candidatos que, antes del 19 de febrero de 2018 tenían que presentar los avales de su candidatura y celebrar las elecciones el 1 de julio de ese año.  

La “democracia” mexicana, durante casi 90 años secuestrada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) –verdadero oxímoron entre “Revolucionario” e “Institucional”- es una democracia perfectamente planificada para que el poder esté siempre en manos de la clase más pudiente, una verdadera plutocracia. De hecho, todas las “democracias” están controladas y manipuladas por una “superclase” internacional muy exclusiva que permite el juego electoral bajo determinadas reglas. La plutocracia mejicana no podía permitirse ni siquiera la pérdida del poder -ni ejecutivo ni legislativo- a manos de clases más desfavorecidas y se preocupó en la correspondiente legislación electoral de poner firmes barrera que impidieran, en la medida de lo posible, el acceso de las clases trabajadoras.  El INE es el encargado de dificultar ese acceso poniendo barreras casi infranqueables. Para que una candidatura independiente a la presidencia pueda ser inscrita necesita el respaldo de la firma de un 1% de los votantes y que se obtengan en la mitad más uno de los Estados Libres y Soberanos de la Federación las firmas de, al menos, del 1% de su padrón electoral. Por lo tanto, para optar a la presidencia de la república, además de ese 1% en 17 Estados se necesitan 866.593 firmas para ser proclamado candidato, firmas que luego serán revisadas y, en su caso, aprobadas por el INE. Muchos de los partidos presentados –en México es muy difícil crear y registrar un nuevo partido y casi imposible para uno específicamente indígena- no alcanzan siquiera la mitad de afiliados de la suma requerida. Muchos, que no superan los 250.000 afiliados, presentan en solitario sus candidaturas para algunos estados o en coalición para la presidencia del estado federal. En realidad, TODOS los partidos se presentaron en coaliciones previas. La representatividad indígena es casi nula en todos ellos. Solo el socialdemócrata Partido de la Revolución Democrática (PRD) garantiza estatuariamente la presencia de un número de indígenas en sus órganos de dirección que sea proporcional al porcentaje de indígenas en el estado de que se trate.

¿Fiesta de la hispanidad?

Lo más discriminatorio del sistema es que no se admiten pliegos de firmas ni otro tipo de registros ya que INE exige que las firmas se recauden solo a través de una aplicación descargada en los móviles de media y alta gama como especifica la convocatoria: Es importante mencionar que al aspirante se le informa que la Aplicación Móvil es compatible con teléfonos inteligentes de gama media y alta, así como con tabletas que funcionen con los sistemas operativos iOS 8.0 y Android 5.0 en adelante y que dichos dispositivos móviles (celulares y tabletas) no serán proporcionados a los aspirantes por el Instituto Nacional Electoral, puesto que el número de equipos a utilizar dependerá de la cantidad de auxiliares/gestores que autorice para colaborar en la captura de datos”.

Es una democracia a base de móviles o como dirían en América, una democracia “celular”, en un país en que se necesitan casi 4 meses de salario mínimo para adquirir un “celular” del tipo requerido y en el que, en muchas regiones, sobre todo las indígenas, no solo no hay conexión ni internet, sino que carecen muchas veces hasta de electricidad en los domicilios. Los “cazadores de apoyos” usaban sus móviles propios para fotografiar anverso y reverso de la tarjeta electoral de cada apoyante, que tenía además que estampar su firma –muchos posibles votantes no saben firmar ni leer- y sacar una fotografía del sujeto que firmaba para luego remitirlo al INE que revisaría la exactitud y validez de cada una de ellas para comunicar los resultados a finales de marzo de 2018. Los resultados fueron la admisión de 39 candidatos independientes a diputados de los 187 que lo pretendían, para el Senado fueron 7 de 55 que se intentaban presentar y para la Presidencia del Estado Federal solo una de 46 aspirantes a nominados.

Los candidatos de más peso político y oligárquico de los que se inscribieron para la elección presidencial fueron Jaime Rodríguez “el Bronco”, militante del PRI durante más de 30 años y gobernador de Nueva León, donde la población indígena no llega al 0,5%; Armando Ríos Piter que en febrero, siendo senador, se separó del PRD y Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón –el iniciador de la corrupta “guerra contra el narcotráfico” que continuó con su sucesor Enrique Peña Nieto dejando un saldo de más de 100.000 muertos- y militante cualificada del ultraconservador derechista Partido de Acción Nacional (PAN) hasta que, el año anterior, se dio de baja por diferencias con el que fue elegido como candidato presidencial del PAN, Ricardo Anaya. 

A esos pesos pesados de la política y las finanzas mejicanas se enfrentaba María Jesús de Patricio, portavoz del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) que, en mayo, apoyada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) encabezado por el subcomandante Marcos –ahora subcomandante Galeano- logró el voto de los 800 delegados del Congreso Nacional Indígena (CNI) –creado en 1996 tras los llamados “Acuerdos de San Andrés” que recogía las tesis del EZLN-  reunidos en San Cristóbal de las Casas para postularse como candidata independiente a la presidencia mexicana.

En una furgoneta el equipo electoral de Marichuy recorría toda la República Federal mientras los candidatos privilegiados lo hacían en avión o en lujosas caravanas, disponían de gestores profesionales para recolectar las firmas y oficinas dedicadas solamente a la compra de firmas. En esas precarias condiciones y habiéndose negado a aceptar ningún tipo de financiación ni oficial ni de los oligarcas criollos, y solo contando con el apoyo de grupos populares de rock con sus conciertos, la venta de camisetas, la ayuda de artistas plásticos variados y de grupos feministas, y la presencia en redes como Instagram, Twiter y Facebook, con el lema de “Su Voz es mi voz” y los de “Firma por Marichuy, vota por quién quieras” y  “Nunca más un México sin los pueblos indígenas” promovía la inclusión popular  general. Así el equipo logró reunir casi 300.000 firmas, un tercio de las necesarias.

La corrupción y las trampas, falsificaciones y engaños, fueron tantos que incluso a la única que logró ser nominada como candidata, Margarita Zavala, solo le aprobaron el 66,37% de los avales presentados, aunque logró superar las 867.000 firmas. A Ríos Piter se le aprobó el 64,83 % y a “El Bronco Rodríguez” que, pa’colmo empleó en su campaña fondos del Estado de Nueva León donde era gobernador, le aprobaron solo el 58,75 % de los avales. El Premio Nobel de la picaresca y el engaño en esta preselección se lo llevó el catedrático de Ciencia Política de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Édgar Ulises Portillo Figueroa al que se le aceptaron solamente el 2,63 % de las firmas presentadas. Increíble pero real. Las firmas presentadas por la candidata Marichuy, en un ejemplo de honestidad política, fueron aprobadas en el 93,20%. No pudo ser nominada porque no logró superar los 300.000 apoyos, algo más de un tercio de los requeridos. De todas formas, el objetivo de dar voz y visibilidad al mundo indígena se cumplió. Cómo se lee en la gran pancarta que presidió su mitin en el campus de la UNAM: “Venimos a hablar de lo imposible, porque de lo posible se ha dicho demasiado”.

Dos días antes de cerrarse el plazo de recepción de apoyos, la furgoneta de Marichuy tuvo un tremendo accidente, volcando en el desierto de Vizcaíno en el estado de Baja California Sur. Diez de los miembros del Concejo Indígena de Gobierno resultaron heridos y la compañera Eloisa Vega Castro, muerta. Tardaron medio día en llegar al Hospital más cercano, en La Paz donde Marichuy tuvo que ser operada de una fractura abierta en un brazo

Para entender en realidad lo que significa ser INDÍGENA en México –y encima, mujer- pongo un resumen del testimonio de Magdalena García Durán, una indígena mazahua, vendedora de semillas de millo, zacatón (una gramínea salvaje de zonas altas de México) y golosinas caseras en una de las banquetas de la Plaza del Zócalo que, tras sufrir innúmeras prisiones de 15 a 20 días, vejaciones y malos tratos solo por ser indígena, mujer e intentar ganarse la vida honradamente como “buhonera”. Tal como los inmigrantes ilegales que en las plazas y calles de las capitales españolas se instalan como “manteros”.  Procedente de San Antonio Pueblo Nuevo, zona del Estado de México su familia en los años 40, impulsada por el hambre se trasladó a Ciudad de México habitada por el pueblo “jñatrio”, conocido como “mazahua”. Sus vicisitudes mejor lo cuenta ella misma con el dramatismo que da la sencillez. Lo copio textual de la revista de “Tzam trece semillas”

“Por ser indígenas, por ser mujeres jñatrio, por ser pobres y también por ser las primeras que, en conquistar espacios físicos como las banquetas en las calles y las paredes del primer cuadro del Distrito Federal, el trato que recibimos por parte del Departamento del DF era muy cruel y motivo de indignación. En esos años vendíamos frutas, semillas y dulces, los agentes del entonces DF le echaban gasolina o petróleo a nuestros productos, los pisaban para aplastarlos de tal manera que quedaran inservibles; nos golpeaban a nosotras y enredaban sus manos en nuestras trenzas para jalonearnos como si fuéramos animales. Esto ha sucedido y sigue sucediendo. Si no nos alcanzan pronto, nos corretean y nos sacan de donde nos escondamos y de las trenzas nos arrastran como si fuéramos costales hasta subirnos en las camionetas. Las mujeres indígenas que trabajamos comerciando en las calles de la Ciudad de México hemos sido encarceladas hasta por 15 días en “La Vaquita” o en la “Regina”.

Hubo un tiempo en el que hombres y mujeres del mal gobierno se bajaban de sus camionetas para agarrarnos y cortarnos las trenzas por ser mujeres indígenas. Cuando caminábamos por la banqueta y venía alguien de traje, nos orillaban hasta bajarnos y hasta hacernos sentir cabizbajas cuando caminábamos ahí abajo en la calle. 

La pobreza nos sacó de la comunidad y nos desplazó a la Ciudad de México, pero ahí las injusticias nos impiden hacer nuestro trabajo. El racismo y la discriminación a quienes hemos trabajado en las calles de la Ciudad de México como mujeres vendedoras indígenas ha sido el ambiente en el que nuestro trabajo se ha envuelto y desde ahí reclamamos dignidad. Como indígenas artesanas y comerciantes de subsistencia, exigimos respeto a nuestro trabajo por derecho de antigüedad y por justicia.”

Queda para finalizar una III Parte para repasar lo que es hoy en Abya Yala el desaparecido “Día de la Raza” y “Día de la Hispanidad”

 

Gomera, a 24 de octubre de 2022

 

Francisco Javier González

 

 

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