Juan Ruano

“A Juan Ruano le debemos mucho. No solo los atletas sino los santacruceros”

“Conocí a Juan Ruano de casualidad. Lo veía en algunas competiciones y como hablaban de él como un personaje importante en la historia del atletismo canario, y me preguntaba qué había hecho aquel señor mayor que pintaba cuadros del mar golpeando las rocas en sus ratos libres”

Empecé practicando atletismo a los 11 años, en Santa Cruz de Tenerife, la ciudad donde nací. Lo hice durante años en la cancha de piche del colegio Isabel La Católica. No había otra cosa. No había pista de atletismo en Santa Cruz. Cuando tocaba ir a competir teníamos que coger una tediosa guagua que te llevaba a La Manzanilla en La Laguna donde por primera vez conocí lo que era el tartán. Me quedé enamorado de la superficie. Ahí sí que se podía correr y saltar. Era otro mundo. La lástima era que al acabar la competición tenía que volver al piche, al cemento y a las piedras.

No recuerdo cuanto tiempo estuve haciendo el mismo trayecto en guagua desde Santa Cruz a La Laguna durante los siguientes años, cuando fiché por el CEAT Caja Canarias. Lo que sí sabía es que se me iba media vida desde que salía de casa hasta que volvía y todo eso con los estudios y los sacrificios que uno hacía para poder entrenar.

No me imagino lo que hubiera cambiado mi vida, mi carrera atlética si en vez de entrenar en La Laguna lo hubiera hecho en la actual pista del CIAT en Santa Cruz. Quizás mejores marcas, quizás una carrera más larga, quizás menos aburrimiento, más tiempo personal, menos frío, menos lluvia…

No llegué nunca a correr en el CIAT y es una espina clavada que tengo y la gente de Santa Cruz no sabe la suerte que tiene de tener una pista de ese nivel en la capital. Después de tantos años. Después de tantos atletas y carreras.

Conocí a Juan Ruano de casualidad. Lo veía en algunas competiciones y como hablaban de él como un personaje importante en la historia del atletismo canario, y me preguntaba qué había hecho aquel señor mayor que pintaba cuadros del mar golpeando las rocas en sus ratos libres. Descubrí su impresionante historial: 12 campeonatos de España, 8 veces internacional, 3 récords de España y compitiendo tanto en 100 metros, como en 200 metros y 110 metros vallas. Todo ello en la peor época posible, con una dictadura franquista de por medio y un país empobrecido por la guerra civil que no le permitió acceder a varios Juegos Olímpicos, en los que seguramente hubiera desempeñado un buen nivel.

Juan Ruano Rojas.-

Pero su mérito deportivo no era su única cualidad. El ser un precursor del atletismo en su ciudad natal, Santa Cruz de Tenerife, hizo que en los años 50 ya se hablara de la posibilidad de construir una pista de atletismo en el Estadio Heliodoro Rodríguez López, donde ya se hacían carreras. Su trayectoria atlética fue un baluarte importante para que se hablara del atletismo en Canarias y numerosos medios de comunicación se hacían eco de sus éxitos. Hay una amplia hemeroteca para poder disfrutarla.

Tuvieron que pasar casi 60 años para que la capital de Tenerife tuviera una pista de atletismo.  Una instalación que Juan Ruano siempre estuvo pidiendo para los santacruceros durante su etapa deportiva y luego como figura vinculada al mundo deportivo. Así lo atestiguan los medios y así fue hasta que falleció en el 2004. A Juan Ruano le debemos mucho. No solo los atletas sino los santacruceros. Ponerle su nombre al Centro Insular de Atletismo de Tenerife no es solo una manera de homenajear su trayectoria deportiva, es una deuda pendiente con un santacrucero de pro que luchó por el atletismo y por conseguir que en la capital tinerfeña hubiera un recinto donde practicar este noble deporte. Para que niños y niñas, como en la actualidad, no tengan que correr en piche y cemento o tengan que gastar horas en desplazamientos para entrenar. Y que mejor que una ciudad honre la memoria de uno de sus hijos que la de ponerle su nombre a la pista de atletismo que tanto en vida reclamó.

No se me ocurre mejor manera. Es de justicia.

 

Javier A. Fdez. Cortés

 

 

Foto de cabecera: Javier A. Fdez. Cortés, tercero de izquierda a derecha (1994).

 

 

 

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