La cuarentena

Cuando el Estado se encuentra en alarma social por una pandemia mundial y a toda la población se la obliga a estar en sus casas. Ante un toque de queda donde no se puede salir a la calle sino por circunstancias especiales que obliguen a ello.

Estamos en un momento social en el que nos encontramos atravesados por la política. Estamos ante un futuro que es incierto. La vida queda recluida en lo más siniestro de la casa. No todo el mundo se encuentra en las mismas condiciones de vida. No todas las personas tienen los mismos medios, ni sus viviendas son las más adecuadas para una reclusión. Hemos construido un sentido de la vida impuesto por el capitalismo que nos dispone al trabajo y cuando ese sentido se pierde ¿Qué nos queda? El mismo capitalismo busca diferentes formas de dar sentido, como el ser considerados con el prójimo y así no ocasionar problemas en las calles. Estamos en nuestras casas recluidos como pajaritos en jaulas. En circunstancias como estas nos planteamos el concepto de libertad. En este momento solo nos queda un sentido para la vida que es el de deconstruir, pensar que sucede y como puede ser que algo invisible tenga más poder que lo visible.

El concepto de libertad  y el concepto de felicidad son muy amplios y vacíos. Para cada persona significará una cosa diferente, incluso las definiciones de unos y otros pueden entrar en conflicto hablando del mismo concepto. Pero ¿dónde queda el concepto de liberad en circunstancias como estas? ¿Podemos hablar de libertad o sólo de libertad de escoger diferentes opciones? Nos encontramos en un mundo sistematizado por el capitalismo neoliberal que nos condiciona todas las formas de vida. No solo el estar ahora encerrados en casa sino incluso el desorden mental que en muchos casos tenemos es producido por un sistema que nos atraviesa y nos intenta manipular y controlar vitalmente. Nos controlan desde pequeños desde nuestra infancia y no somos conscientes de ello. Aprendemos todos los símbolos impuestos por la sociedad creyendo que esa es la verdad.

Michel Foucault nos habla del concepto biopolítica que tiene gran relación con estas circunstancias. No se busca matar como en las guerras de antaño, sino una invasión de la vida en su totalidad. Se crean unos mecanismos de gestión de la vida que los observamos como naturales y no como creación para la normalización. Muchos autores como Foucault o Walter Benjamin nos invitan a mirar a contrapelo por las circunstancias, ya no solo históricas sino en lo presente. Darnos cuenta que nos condiciona la vida y sobre todo que no somos libres en muchas ocasiones.

En todos los Estados del mundo no se está llevando de la misma forma la cuarentena. Se encierran en sus casas a las personas, pero ¿qué viviendas tienen en muchos países que no están bien desarrollados? La democracia no es igual en todas partes, muchos países se insertan bajo esa etiqueta y sus políticas no tienen nada de democráticas. Los medios de actuación se toman la justicia de proteger las leyes de una forma poco ética en muchas circunstancias. O incluso las mismas personas defienden un sistema que no entienden, llamando a la policía al ver alguna persona paseando por la calle. Sin saber las circunstancias particulares de los individuos. ¿Somos asertivos llamando a la policía? ¿Sabemos lo que sufren las personas con síndrome de Down o autismo? ¿Todos tenemos hogares con terraza, balcón, varias habitaciones?

Todo se encuentra bajo el control de un Estado invisible que asegura nuestra seguridad, pero que también asegura nuestro castigo.  La sociedad comienza a individualizarse. Los individuos solo piensan en su seguridad y se convierten en seres egoístas. No hay asertividad en este confinamiento, solo hay miedo. No pensamos en las personas que mueren, solo pensamos si seremos nosotros quienes moriremos o nuestros seres queridos. Tememos a quien toce no sentimos pena solo miedo.

Guacimara Afonso Negrón




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