La (maldita) Ley del Suelo

Guillén Peraza caía
sobre la tierra palmera;
una pedrada certera
segaba su biografía….
El suceso inspiraría
un texto ya legendario
a un fiel correligionario,
que lloró su defunción
sembrando una maldición
sobre el paisaje canario.

Muerto aquel conquistador,
quien le escribió las endechas
pretendió ver satisfechas
las ansias de su dolor
y deseó lo peor:
pesares aterradores,
volcanes devastadores
y, en el colmo de los males,
que bajo los arenales
quedaran todas las flores.

Cuando aquella maldición
estaba libre Canarias
de bancos, de inmobiliarias
y de su especulación.
Aún no estaban los que son
causantes de este pesar,
que acaban de acrecentar
con la brutal Ley del Suelo
que tiene el único anhelo
de volvernos un solar.

Con corrupción y torpeza
nos ahogaron en cemento
y vinieron con el cuento
de que esa es nuestra riqueza.
La inenarrable belleza
que la natura regala,
taparán con pico y pala,
porque aquella maldición
hace años que es el guión
de esta película mala.

La Ley del Suelo está hecha
contra los sueños canarios,
por algo los empresarios
la aplauden con la derecha.
Con la rodilla maltrecha
habrá muchos de esta grey,
que no tendrán con su ley,
desde La Entallada a Orchilla,
tierra en que hincar la rodilla
para saludar al rey.

Yeray Rodríguez

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