Militarismo y militancia

El ejército es una institución estatal. Entendiendo el estado como el producto resultante de las diferencias interclasistas no podemos salvar la evidencia de que la hegemonía dominante es heredada del estado a dichas instituciones. Sin embargo, existen algunos conceptos y reflexiones que debemos tener en cuenta a la hora de decidir incluir a un miembro de las fuerzas de represión del estado en nuestra lucha social.

Sobre el militarismo

El ejercito es un organismo preparado para defender los intereses del estado de manera internacional, y si se requiere, también nacionalmente, sin embargo, muy lejos de hacer esto, el Ejército español es una ” mascota domesticada más” al servicio de la OTAN, una organización creada en 1949 (y mayormente controlada por EEUU) para hacer frente al comunismo soviético durante la guerra fría. El Ejército español ha estado presente en muchas de las invasiones a diferentes países del globo, expoliando los recursos naturales del país que invade, que previamente ha sido atacado por los medios de comunicación afines a la OTAN, para poder crear una hegemonía de pensamiento que justifique esa invasión, Libia, Afganistán y Siria son buenos ejemplos de esta mecánica imperialista.

La hegemonía de pensamiento que el Ejército trata de reproducir es, en todos sus aspectos, nociva para la sociedad canaria que busca una emancipación total y la destrucción de las clases, ya que es una hegemonía que no sólo va en contra de los intereses populares sino que además intenta convertir a los militares en abanderados de la nación de manera representativa excluyéndose de la sociedad a la que pretende proteger y representar.

Buscan ser defensores de la patria metropolitana, esto es, defensores de la unidad de España y por ende, contrario a cualquier independencia, es decir, apoyan la defensa del nacionalismo reaccionario heredado del franquismo, ”una, grande y libre”.

El Ejército, como todas las fuerzas de seguridad del estado, está formado por un sistema jerárquico dividido en escalas, a mayor escala mayor poder adquisitivo y remunerativo. Es decir, las escalas altas no sólo gozan de unos mejores sueldos, sino también de mayores beneficios (casas gratuitas, gastos domésticos más bajos, conductores personales oficiales interinos de escalas bajas, etc.).

Las escalas altas están condicionadas por los estudios universitarios y una meritocracia militar, es decir, que se puede llegar con:

a) Poder adquisitivo familiar para poder costearse los estudios para los que son anteriores al ingreso1.

b) Méritos de guerra imperialista, servicios internos, ejercicios, etc.

Mientras tanto las escalas bajas se nutren de barrios obreros, de trabajadores que, sin medios económicos, se unen al Ejército como apoyo al mantenimiento de la economía de su familia nuclear, para la búsqueda de su independencia familiar, o ambas a la vez.

Así, teniendo ya la diferenciación estructural interna y su división en base a escalas dependientes fundamentalmente de las condiciones económico-sociales, debemos también tener en cuenta las palabras de Marx y Engels (1845/1846):

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante, o sea, las ideas de su dominación. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica, se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión, y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean; por ello mismo, las ideas dominantes de la época…”.

Son las escalas altas las encargadas de hacer reproducir su hegemonía fascista desde la protección que le ofrece el Estado, las escalas bajas se ven continuamente bombardeadas por esta ideología nociva y por sus labores que impiden todo progreso académico al margen del Ejército.

Escalar en el Ejército supone una vida de progreso militar, con todo lo que ello implica, de manera que es de esperar que aquellos que lo consiguen o que se encuentran en ciernes sean mayores partidarios de la reproducción de la ideología actual fascista, pero no tienen por qué serlo los pertenecientes a las escalas bajas que, completamente alienados no sólo asumen y reproducen la ideología destructiva de la OTAN, sino también los mitos del capitalismo al que alimenta, pensando que esforzándose podrán vivir mejor algún día.

Es a las capas bajas del Ejército las que debemos concienciar e incluir en las luchas sociales, porque son las que todavía pueden adquirir la necesaria conciencia de clase y engrosar el colectivo popular, naturalmente existen obreros que ven la institución como algo más que vivir una partida de Call of Duty, pero estadísticamente representan una muestra muy pequeña. Para el común de los miembros de escalas bajas, es un trabajo más.

Sobre la militancia

Lo más importante a tener en cuenta a la hora de militar es tener claro por lo que se lucha, los estatutos del partido son la pieza clave, proporciona objetivos tanto a largo como a corto plazo en los diferentes ámbitos de la vida social y económica, la formación es lo que rige la ideología y marca las pautas y los estatutos de forma asamblearia y teniendo siempre presente que debe beneficiarse a la clase obrera por encima de intereses particulares.

Esto se vuelve sin duda difícil cuando existen pocos partidos asamblearios donde el pueblo sea el verdadero protagonista, esto se debe tanto a la estructura jerárquica de la mayor parte de los partidos políticos que buscan el asiento en la institución de turno con el fin de lucrarse como a sus políticas, ya que benefician a la clase burguesa por encima de la clase trabajadora.

Uno de los deberes de un buen partido que abogue por el pueblo será el de destruir la hegemonía implantada por la clase burguesa dominante, y colectivizar los medios de producción, para poner fin a las clases sociales y así a la explotación del ser humano por sí mismo.

La militancia no es más que la lucha de los derechos sociales que beneficien al mayor porcentaje social y no a un reducido colectivo, es por eso que debe de participar todo aquel que desee ganar esos derechos tanto para sí mismo como para el resto del colectivo.

Los miembros de las fuerzas represoras del Estado tienen prohibida la militancia política, sin embargo, dentro de lo posible hay que hacerlos participes de un modo u otro de la lucha social, ya que ellos también forman parte de un sistema que va en su contra, obviando a las escalas altas por ser proclives a la defensa de la hegemonía represora que tanto les beneficia.

Conclusiones

Los miembros de las fuerzas represoras del estado son también miembros de la sociedad que se pretende mejorar, por lo tanto, también deben ser partícipes de las luchas sociales, con una formación previa puede seguir entendiéndose como un trabajo mientras lucha por sus intereses y los de su pueblo, pero debe hacerse con discreción, ya que se juega mucho al manifestar sus ideas.

El ser alienado es en quien cabe una posibilidad de reforma, se debe pelear contra la ideología imperialista que pretende implantar la OTAN en ellos a través de las instituciones estatales, la OTAN en cambio no es reformable, porque es un organismo creado por EEUU, un país que basa su economía en el negocio de la guerra y en la economía petrolífera.

Salir de la OTAN debe ser un imperativo, pero no el excluir a los miembros de las escalas bajas de las instituciones represoras, pues son parte de la sociedad, hay que facilitar la inclusión de todo el colectivo proletario.

Existen algunos ejemplos históricos que hablan sobre el apoyo del ejército a revoluciones populares en diferentes épocas: Thomas Sankara en Burkina Faso, Hugo Chávez Frías en Venezuela, etc.

Está claro que combatir contra una hegemonía impuesta por un general golpista y fascista hace más de 70 años no es tarea fácil, pero merece la pena si queremos una Canarias libre y socialista, no podemos ser excluyentes a la hora de unir al proletariado, cambiar un burgués castellano por uno canario no resolverá el problema.

Un partido podrá ser la vanguardia del movimiento obrero, cuando sea verdaderamente representativo a escala socio-política, siendo ese colectivo quien demande la consecución de sus derechos de clase en base a su formación política llevada a la práctica.

Jonay Lemes

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