¿Qué pasa cuando es el propio Gobierno el que lanza bulos?

En este caso la medida aplicada nos dice que la crisis del coronavirus no es motivo para despedir, pero de facto te pueden echar a la calle. Sólo que al trabajador o la trabajadora de turno se le pagará 33 días por año trabajado en lugar en 20 días

Podríamos ser honestas y tratar a las personas como gente adulta a la que le queremos explicar que hay límites y contradicciones, pero este no es el camino que se ha tomado

En las grandes crisis como ésta yo no puedo pensar en otra cosa que no sea luchar por los máximos beneficios y la mayor protección para mi gente. Las necesidades son tantas y tan urgentes que no nos podemos quedar cortas con las soluciones. Quiero que nadie se quede sin curro, que las empresas con grandes beneficios no puedan despedir, que quien se quede sin nada tenga una renta mínima, que la luz y la vivienda estén garantizadas… Aun así, puedo llegar a entender que quienes optaron desde Unidas Podemos (e Izquierda Unida y el PCE) por entrar en un Gobierno en minoría (no era la única opción) no consigan todo lo que aspiro, esa cuota de máximos tan bien trazada desde fuera por los movimientos sociales y los diversos agentes.

Yo, además, estoy dispuesto a celebrar con ellos las mejoras que se consigan y seguir empujando desde fuera para conseguir más y más. Pero lo que no puedo entender ni tolerar de ninguna manera es que se mienta con las medidas que se adoptan. Que se mienta a la gente que lee las noticias positivas que lanza el Gobierno como su pequeña salvación a la que agarrarse, pero que después tengan que enterarse que es que no se habían leído la letra pequeña.

Gobernar en minoría con el PSOE (el maldito régimen, ¿recuerdan?) es peligroso. Muy peligroso. Y no era la única opción. Otras muchas defendimos que se podía dar la investidura y luego exigir desde fuera. ¿Los motivos? En dos líneas, te comes sus contradicciones (los famosos sapos) y el rédito de las medidas positivas puede que se lo lleven ellos.

Para evitar esto último el aparato de Unidas Podemos está luchando contra viento y marea. Y hacen bien. Defender las cosas positivas que logras como victorias tuyas es esencial si quieres demostrar, como pretenden, que la entrada en el Gobierno es la mejor de las opciones posibles. Pero en muchas ocasiones también tienen que estar justificando los límites del Gobierno, la primera cuestión que señalaba: se comen sapos y tienen que explicar a su gente que claro, están en minoría y no pueden hacer mucho más. Las famosas relaciones de fuerza.

Entonces viene aquí la gran contradicción entre ambas cosas: defender como “la gran revolución” cada medida moderadamente positiva que se toma y a la vez tener que justificar luego la letra pequeña echando la culpa a la relación de fuerzas dentro del gobierno. La dirección de Unidas Podemos ha decidido resolver esta contradicción con la mentira: hasta ahora han elegido justificar las medidas tomadas, vendiéndolas como grandes victorias (poniendo de nuevo lo comunicativo como más importante que lo político, lo material) y esconder los grandes agujeros que dejan por el camino. No es raro encontrarse en estos días al ejército de defensores del cogobierno, tanto por el lado de Podemos como de Izquierda Unida, defender con uñas y dientes cada medida que se toma desde Madrid y lanzar miles de excusas por las contrapartidas.

La dirección de Unidas Podemos ha decidido resolver esta contradicción con la mentira: hasta ahora han elegido justificar las medidas tomadas, vendiéndolas como grandes victorias (poniendo de nuevo lo comunicativo como más importante que lo político, lo material) y esconder los grandes agujeros que dejan por el camino.

Varios ejemplos, el último el de la “prohibición” del despido por motivo del coronavirus. Se ha vendido así: el despido está prohibido. Sin embargo, cuando la ministra Yolanda Díaz era preguntada en rueda de prensa por cómo se materializaba la propuesta en lo concreto, tenía que explicar con la boca pequeña que el despido no se declara nulo sino improcedente.

La diferencia es gorda: un despido nulo obliga a que la empresa te readmita y te pague el salario perdido así como las cotizaciones. En un despido improcedente te pueden despedir, sólo que no tienen motivos que lo justifiquen. En este caso la medida aplicada nos dice que la crisis del coronavirus no es motivo para despedir, pero de facto te pueden echar a la calle. Sólo que al trabajador o la trabajadora de turno se le pagará 33 días por año trabajado en lugar en 20 días. Es decir, lo que realmente anunció Yolanda Díaz es que encarecía el despido, no que lo prohibía. Y encima, sin carácter retroactivo. ¿Ya no es tan buena la medida, verdad? Además, teniendo en cuenta la temporalidad de los contratos, una diferencia de pagar 20 a 33 días por año trabajado a una persona que lleva solamente 6 u 8 meses en la empresa no es gran cosa.

Por otro lado, el problema del empleo con la crisis del coronavirus viene de fondo por la precariedad del empleo, por el exceso de contratos temporales y por la gran cantidad de personas que trabajan sin contrato o con contratos de pocas horas cotizadas. Para las grandes empresas, como en el caso concreto de Inditex, es muy fácil esperar unos cuantos días a que se acabe el mes, no renovar a los temporales, y luego aplicar un ERTE para la gente fija que queda. Los contratos temporales, respaldados por las reformas laborales de PP y PSOE, son el gran problema para la estabilidad de la gente trabajadora en España. Germen de la precariedad y la incertidumbre.

Entonces, el anuncio de la falsa prohibición del despido se podría haber hecho de otra forma. Podría haber aparecido Yolanda Díaz (y todo el aparato comunicativo de Unidas Podemos) a explicar lo que han hecho, a decirle a la gente que esto es lo máximo que se ha podido conseguir. Así, al menos, se haría un ejercicio de pedagogía con la gente: hablar de los límites de la institución, de los límites del Gobierno en este tipo de estados (y más con un partido del régimen) y transmitir la experiencia que están haciendo. Pero no, frente a ello han optado por la propaganda que oculta, y en esencia miente, sobre las medidas adoptadas. Así, hoy la mayoría de gente en España piensa que no le podrán despedir por el covid_19 pero el lunes pueden encontrarse con un despido que es solamente un poco más caro.

Pasó algo parecido cuando anunciaron que el despido por estar enfermo había sido “derogado”. No era cierto, como nos indicó el BOE al día siguiente. También fue declarado improcedente, no así nulo. De nuevo, miles de familias consideran que no pueden ser despedidas por estar de baja y se pueden encontrar de pronto con que la Ley no les ampara. ¿No crea esto un sentimiento de decepción en la gente corriente?

Otro ejemplo de la gran contradicción entre los límites y la propaganda: la Ley de Garzón contra las casas de apuestas. Con muchas expectativas mediante (un ministerio hecho exclusivamente para esto, nada menos) Garzón nos anunció en una rueda de prensa larga (y para mi gusto torpe) una Ley que limitaba los horarios de la publicidad sobre las apuestas, la aparición de famosos en los anuncios y poco más. Toda la comunidad quedó descontenta y enfada. Y lo peor, de nuevo, no fue que Garzón no explicara que tuvo presiones y que no pudo hacer más, sino que intentó convencernos (o él realmente fue convencido, que no sé que es peor) de que ya no estaba de acuerdo con prohibir. En las declaraciones primero y en un hilo de twitter después nos hablo de que el juego con responsabilidad: “Nosotros protegemos a los usuarios que por ocio o necesidad quieren jugar online, y nos parece inadecuado e imprudente empujarles a un sistema de juego ilegal y no regulado donde están desprotegidos ante las prácticas de las empresas de juego”.

… han optado por la propaganda que oculta, y en esencia miente, sobre las medidas adoptadas. Así, hoy la mayoría de gente en España piensa que no le podrán despedir por el covid_19 pero el lunes pueden encontrarse con un despido que es solamente un poco más caro.

Y nos explicó que regular las apuestas era mejor que prohibirlas para que “el Estado pueda protegerte” (sic). ¿Hemos puesto al “primer ministro comunista” y en el primer año ya ha asumido el discurso y las ideas de las élites? ¿Cómo que regular una actividad que destroza a tantas familias obreras mediante la ludopatía?

Los peligros de mentir para hacerte valer como parte del Gobierno son muy evidentes. Hay un riesgo enorme de decepcionar a la gente corriente con tus medidas. Porque alguien te apoya y espera mucho de ti. Podríamos ser honestas y tratar a las personas como gente adulta a la que le queremos explicar que hay límites y contradicciones, pero este no es el camino que se ha tomado. Prefieren ver a la gente como menores de edad cuya mejor opción es dejar en sus manos que ellos hagan todo lo “posible” porque en ningún momento han dejado de jugar al posibilismo.

Decepcionar es peligroso, muy peligroso. La extrema derecha bebe siempre de ello. Ahora un trabajador puede recibir una carta siendo despedido a raíz de la crisis del coronavirus, puede decirle al canalla de su jefe que no, que eso no se puede hacer, llevándole en el móvil las declaraciones de su partido, al que él votó para que le defendiera; y el patrón sacará su teléfono móvil y le enseñará el BOE, algo más fidedigno que las campañas de propaganda de Unidas Podemos: y con el BOE en la mano se reirá del currela y de las mentiras que sus representantes le han contado, y le podrá echar a la calle por unos cuantos euros más. ¿Cómo se va a sentir este trabajador cuando haya sido despedido cuando él pensaba que era imposible? Piensen en ello la próxima vez que anuncien una nueva medida a bombo y platillo.

Carlos Natera

Fuente:  https://www.lavozdelsur.es/




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