Atalaya

“Atalaya”, un poema de Rosa Elena Pérez Ledesma. 

Atalaya

Los alisios besaron tu falda

y subieron tu ladera sin prisa,

te reconocieron despacio,

como a un nuevo amor,

y te coronaron, Atalaya;

Hicieron bailar tu cabello de brezo, de

guaydiles y de Artemisa

y esparcieron tu fragancia a romanillo

y el sol trepó tu espalda y se encaramó en tu alta meseta, plana, extensa…

Y acarició cálidamente tu perfil pétreo.

 

Te miré desde tus pies y

te admiré excelsa, inabarcable, inexpugnable

y quise poseerte,

acariciar tus curvas

escalar tus sinuosas

vertientes canelas, verdes, cantarinas

me alejo y desde mi Valle subo otras lomas cercanas y te sigo queriendo.

Las algodonosas nubes te visten

y te esconden,

mientras se esfuerzan por abrazar tu talle que no se deja,

que me deslumbra espléndido, sereno, oteando sus charcas,

sus surcadas tierras,

sus orillas espumosas y saladas

que besan tus pies descalzos en vaivenes de amor.

Te quiero,

no te quiero

parece decirte el mar, Atalaya.

Y mientras,

yo vuelvo,

regreso a ti,

como amante despreciado,

me siento en la orilla de tu barranco de aguas pasadas y te espero deseoso,

deseante eterno de las pasiones que alimentas en mí,

buscador del éxtasis que provoca tu encuentro.

 

La bruma baja que te envuelve,

me desespera y me enciende.

Y mientras

tú vuelves en ti y en mí,

espero que te desnudes de los nimbos blancos y grises que te engalanan.

 

Y me detengo en el eucalipto y la higuera que, abrazados junto al Estanque,

se susurran con sus aleteantes hojas,

versos de amor;

y presencio cómo ella se reclina en su pecho y cómo él,

ufano,

altivo el cuello en su alto ramaje,

la acuna entre sus ramas, grises por los años,

y verde por la ilusión de sentirse amado, por las ganas de amarla en paz, con calma.

¡Y quiero imitarlos contigo mi adorada montaña¡

Pero

¡Solo soy una simple mortal!

El velo de aguas futuras se desvanece y tras los amantes

se van descubriendo las pantorrillas esbeltas

y los muslos prietos de mi amada,

y la cima de su talle

Aparece

majestuosa,

imponente,

eterna.

 

Y te recorro buscándote entera

 pero me niegas tu torso y tu faz.

Y te imagino como quiero

Porque sube tu cintura transparente confundiéndose con el cielo

 y te cruzan dos guirres desorientados por la belleza de tu perfil y no te encuentro.

Porque eres mitad tierra, mitad cielo.

 

Entonces

aprendo el Amor,

no me perteneces.

No te pertenezco.

Te busco, te trepo, retozo en tu plano vientre estéril que huele a romanillo y Artemisa.

 

Rosa Elena Pérez Ledesma

 

 

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