Crítica al pensamiento decolonial (I)

Primera entrega: el pensamiento decolonial, sus fundamentos y su rechazo al ‘pensamiento occidental’

El pensamiento decolonial es una teoría -difusa y heterogénea- que pretende romper con el etnocentrismo occidental que emana de la dominación imperialista que Occidente ejerce sobre los demás pueblos del mundo. De este modo, los pensadores que se vinculan a la perspectiva decolonial, consideran que para rechazar el colonialismo de forma sincera, deben ser rechazados todos los aspectos de la dominación colonial que, a su juicio, son fundamentalmente tres:

1.      El racismo (la ‘colonialidad’ del poder).

2.      El eurocentrismo epistémico (la ‘colonialidad’ del saber).

3.      Y la imposición del modelo occidental de sociedad, cultura, etc a todos los pueblos del mundo (la ‘colonialiad’ cultural o del ser).

Estos aspectos, vistos a priori, son críticas legítimas al colonialismo. Sin embargo, en el pensamiento decolonial -y también en los estudios postcoloniales- presentan algunos problemas que merecen ser criticados. Pues los decoloniales, al rechazar el eurocentrismo epistémico, también rechazan aquellos planteamientos que, pese a haber surgido parcial o totalmente en Europa, tienen validez universal. Según la mirada decolonial: no se trata de conocimiento universal, sino de un conocimiento “europeo” o “blanco” que, aunque sólo es válido para la realidad europea, se impone al resto del mundo gracias al poder económico y político que posee Occidente

La explicación de este fenómeno en el pensamiento decolonial es la siguiente: Europa, a través del colonialismo, impuso su forma de pensar y comprender la realidad, el método científico, a los demás pueblos, destruyendo esas otras formas de saber y dejando claro que la única manera válida es la que los poderes dominantes en Europa reconocen como tal. En consecuencia, todos los conocimientos de “los pueblos sin historia” que no se basasen en el criterio “europeo” serían clasificados como inválidos y acientíficos. Por lo tanto, desde la perspectiva decolonial, el conocimiento es una cuestión política, así éste es reducido a poder, pues sólo es considerado conocimiento válido aquello que los centros de poder europeos certifican y trasladan a los demás pueblos como tal. Como vemos, los pueblos “no europeos” o “no occidentales” son, de este modo, excluidos de la producción de (su propio) conocimiento bajo sus propios criterios, ahora considerados por las autoridades europeas como supersticiosos, acientíficos, inválidos, etc.

En esta reflexión encontramos dos problemas: 1) Se reduce el método científico a Europa, cuando es bien sabido que la ciencia tuvo importantísimos aportes de personas no occidentales; 2) Se reduce el conocimiento exclusivamente a Poder, como si el método empleado para certificarlo fuese esencialmente político.

De hecho, desde la mirada decolonial hay una posición favorable a que “los pueblos originarios no occidentales” abandonen la ciencia, pues la aceptación de la misma fue producto de lo que denominan ‘epistemicidio’.

Otra de las características de las teorías decoloniales es que, al combatir y rechazar la “filosofía occidental” o “blanca”, rechazan el pensamiento binario que le atribuyen a la misma y del cual, según defienden, emanan las distintas opresiones. Al respecto cabe realizar algunas observaciones:

1.      No parece razonable pensar que el pensamiento binario es único y exclusivo de Occidente, cuando sabemos que “las ideas binaristas más venerables y arraigadas se encuentran en el Oriente, siendo el caso más antiguo conocido el de los ocho trigramas bā guà [八卦], utilizados en escuelas de Feng Shui, las cuales se remontan probablemente al neolítico chino (Martzloff, 2006). También ha sido explícitamente binaria la prosodia del Chandahsūtra de Piṅgala en la India (fechada entre los siglos V y II aC); si bien se le atribuye la invención del cero, Piṅgala no utilizó ceros y unos sino un contraste entre sílabas cortas y largas para elaborar su combinatoria de poesía y matemáticas, prefigurando con exactitud la lógica del código Morse. Otro caso a cuento es el del oráculo Ifá de los Yoruba, del cual se especula que quizá sea más antiguo aún” (Carlos Reynoso (2013). Árboles y redes: crítica al pensamiento rizomático, pp. 14-15).

2.      Difícilmente podemos afirmar que las opresiones emanan del pensamiento. Me temo que los orígenes de las opresiones hay que buscarlos en la realidad material, de la cual surgiría luego todo un sistema de pensamiento, cultural, etc. que las legitima. Decir que las opresiones surgen del pensamiento es simplemente regresar al idealismo.

3.      El pensamiento binario no sólo puede vincularse a la opresión, sino también a los movimientos liberadores. Así, cuando desde postulados de izquierdas se defienden ciertos binarismos no se están justificando opresiones, sino criticándolas (ejemplos: proletariado vs burguesía o colonia vs metrópoli).

4.      En el pensamiento decolonial su rechazo al binarismo es simplemente declaratorio, ya que en sus propios planteamientos encontramos múltiples binarismos bien arraigados, como “Oriente vs Occidente” o “el norte vs el sur global” o, como ocurre tan a menudo en sus reflexiones sobre racismo, “blancos vs personas racializadas”. Como señalaría el teórico jamaicano Stuart Hall: “Las nociones que muy a menudo se cree que desafían el binarismo estable de las estructuras de poder dominantes no son escapes de las organizaciones binarias de poder asimétrico o soluciones a ellas, sino realmente productos de la lógica disyuntiva que introdujeron la colonización, la esclavitud y la modernidad.”

Así, los decoloniales son también muy críticos con el marxismo, pues a pesar de ser una ideología radical y revolucionaria, consideran que el marxismo no deja de ser (una vez más) pensamiento europeo y blanco, certificado por Europa e impuesto desde ésta a las sociedades de los “pueblos sin historia” (indígenas, asiáticas, etc.) cuyas realidades, saberes, especificidades culturales y políticas, etc. son muy diferentes. Por eso, afirman, estas sociedades requieren de otro pensamiento revolucionario, que se ajuste a esas realidades concretas. Así expresa Ramón Grosfoguel esta crítica al marxismo:

“Sin embargo, lo que va a perdurar como una contribución más permanente del cartesianismo hasta hoy en día es la filosofía sin rostro del punto cero que será asumida por las ciencias humanas a partir del siglo XIX como la epistemología de la neutralidad axiológica y la objetividad empírica del sujeto que produce conocimiento científico. Aún cuando algunas corrientes como el psicoanálisis y el marxismo hayan cuestionado estas premisas, todavía los marxistas y psicoanalistas producen conocimiento desde el punto cero, es decir, sin cuestionar el lugar desde el cual hablan y producen conocimiento” (Ramón Grosfoguel (2008). Hacia un pluri-versalismo transmoderno decolonial. Página 4).

Dicho de otro modo, el marxismo, aún siendo revolucionario, produce “conocimiento” desde una posición de poder determinada y, en consecuencia, puede imponerse a los demás pueblos a causa de que se gestó en Europa. Además, es, según Grosfoguel, falso (e imposible) producir un conocimiento realmente válido y ajeno al poder, ya que todo conocimiento se produce desde una posición de poder determinada. Así expresa la imposibilidad de producir conocimiento ajeno al poder cuando habla de la “filosofía occidental”:

“Se trata entonces de una filosofía donde el sujeto epistémico no tiene sexualidad, género, etnicidad, raza, clase, espiritualidad, lengua, ni localización epistémica en ninguna relación de poder y produce la verdad desde un monólogo interior consigo mismo sin relación con nadie fuera de sí. Es decir, se trata de una filosofía sorda, sin rostro y sin fuerza de gravedad. El sujeto sin rostro flota por los cielos sin ser determinado por nada ni por nadie.

[…]

De manera que el mito dualista y solipsista de un sujeto auto-generado sin localización espacio-temporal en las relaciones de poder mundial, inaugura el mito epistemológico de la modernidad eurocentrada de un sujeto autogenerado que tiene acceso a la verdad universal más allá del espacio y el tiempo por medio de un monólogo, es decir, a través de una sordera   ante el mundo y por medio de borrar el rostro del sujeto de enunciación, es decir, a través de una ceguera ante su propia localización espacial y corporal en la cartografía de poder mundial (Ramón Grosfoguel (2008). Hacia un pluri-versalismo transmoderno decolonial. Página 4).

Y, como comentábamos, el marxismo, aún siendo crítico con el poder capitalista en Europa, emana de un “universalismo” eurocéntrico, machista, blanco, etc:

“Marx piensa desde la situación histórico-social del proletariado europeo. Desde ahí propone un diseño global/universal como solución a los problemas de toda la humanidad: el comunismo. Lo que Marx mantiene en común con la tradición filosófica occidental es que su universalismo, a pesar de que surge desde una localización particular, en este caso el proletariado, no problematiza el hecho de que dicho sujeto sea europeo, masculino, heterosexual, blanco, judeo-cristiano, etc.” (Ramón Grosfoguel (2008). Hacia un pluri- versalismo transmoderno decolonial. Página 9).

Pero los pensadores decoloniales, en una demostración de un auténtico desconocimiento del marxismo, van todavía más allá y tildan al marxismo de proyecto imperialista y racista:

Marx participa del racismo epistémico en el que solamente existe una sola epistemología con capacidad de universalidad y ésta sólo puede ser la tradición occidental. En Marx, en el universalismo epistémico de segundo tipo, el sujeto de enunciación queda oculto, camuflado, escondido bajo un nuevo universal abstracto que ya no es «el hombre», «el sujeto trascendental», «el yo», sino «el proletariado» y su proyecto político universal es «el comunismo». De ahí que el proyecto comunista en el siglo XX   fuera desde la izquierda otro diseño global imperial/colonial que bajo el imperio soviético intentó exportar al resto del mundo el universal abstracto del «comunismo» como «la solución» a los problemas planetarios” (Ramón Grosfoguel (2008). Hacia un pluri-versalismo transmoderno decolonial. Página 9).

La base de la mirada decolonial para concluir que el marxismo no es universalmente válido parte de la idea de que las categorías occidentales (en las que añaden a las desarrolladas por el marxismo, como vimos) no pueden ser aplicadas a sociedades no occidentales. De hecho, estas sociedades necesitarían sus propias categorías analíticas que, además, deben ser creadas “desde abajo”. A esta tesis, este grupo de autores y autoras, la denominan “descolonizar el pensamiento“, que consiste precisamente en abandonar el pensamiento y el conocimiento “colonialista europeo” (epistemología occidental) y autocentrarse en un pensamiento y conocimiento propios.

Los pensadores decoloniales consideran que las categorías occidentales sólo podrían llegar a ser válidas si la sociedad capitalista occidental lograse universalizarse totalmente, y lograse abarcar todos los aspectos sociales, políticos, económicos, culturales y psicológicos de las distintas sociedades, algo que es -desde mi punto de vista- a todas luces imposible (sobre ello haré algunos comentarios más tarde). En consecuencia, las categorías marxistas no serían válidas para las sociedades no europeas. Además, consideran que el marxismo colabora también del imperialismo y del racismo epistemológico y, bajo su perspectiva, la U.R.R.S fue un imperio racista que imponía por la fuerza el socialismo a pueblos que en realidad requerían de otra solución. Esta otra solución, señalan los decoloniales, pasa por la descolonización (política, económica, cultural y epistemológica) de esos pueblos oprimidos por Europa y por la superación del racismo. Para justificar esta tesis, apelan a Frantz Fanon.

Como adelantaba antes, realizaré algunas apreciaciones o comentarios sobre las categorías occidentales y la universalización del capitalismo:

1.     Es erróneo pensar -como durante mucho tiempo se hizo- que la universalización del sistema económico capitalista requiere de homogeneización cultural de los pueblos (“la colonialidad del ser”). Ya distintos pensadores, como Zizek, pusieron de relieve como el capitalismo no sólo produce determinadas transformaciones culturales en los pueblos en los que penetra, sino que determinados aspectos de las culturas de tales pueblos quedan más o menos intactos y son introducidos a la lógica del capital.

2.   Los decoloniales son incapaces de comprender los distintos niveles de conceptualización de, en este caso, el marxismo. Para cualquier marxista la clave no es que las categorías abstractas y universalizantes se vean reflejadas tal cual en la realidad concreta, algo que sí piensan y plantean los decoloniales. Su razonamiento viene a ser así: el marxismo, al igual que el resto de la “filosofía blanca” u “occidental”, se fundamenta en categorías abstractas que, si las llevamos a las realidades del “sur global” o de “Oriente”, vemos que no describen exactamente la situación, puesto que no se ven iguales. Ello se debe a que en los pueblos no occidentales los capitalistas mantienen unas creencias espirituales fuertes, o que los trabajadores visten con ropas vinculadas a su tradición e identidad específicas, aspectos que el marxismo nunca valoró a la hora de desarrollar categorías como «clase», «Estado», «capital», etc. Así, la mirada decolonial concluye que las categorías “occidentales” del marxismo no sirven para explicar la realidad de estas sociedades orientales o del sur. Pero este razonamiento es erróneo, ya que para comprobar las categorías del marxismo no sirve para nada describir la forma en que se visten los obreros o si rezan mucho, poco, a quién o quiénes, etc. La clave para validar las categorías marxistas -como clase social- es ver si los agentes que introducimos en ellas se comportan conforme a las pulsiones que las estructuras del capitalismo les impone. Dicho de otra forma: para determinar si la categoría “occidental” de «clase obrera» es adecuada o no, no sirve de nada divagar sobre cómo se viste el obrero, sino que lo adecuado consistiría en verificar si está sometido a relaciones sociales de producción salariales; del mismo modo que poco nos importa cuánto rece el capitalista, siempre y cuando se mueva por la lógica de la acumulación del beneficio a través de la obtención del plusvalor de la clase a la que explota.

3.      En conclusión: la univeralización o mundialización del capitalismo consiste en la penetración total y absoluta de la lógica mercantil y de la explotación a escala planetaria, por muchas diferencias sociales, espirituales, culturales y políticas que puedan existir entre los diversos pueblos del mundo, a las cuales, por cierto, el capitalismo suele adaptarse con facilidad. Así que, si la lógica de la economía capitalista es ya internacional, también lo son las categorías marxistas que analizan, describen y muestran su lógica de funcionamiento (adaptadas siempre al “análisis concreto de la situación concreta”).

En la próxima entrega hablaremos de lo que realmente plantea el marxismo para comprender hasta qué punto se está mintiendo sobre el mismo desde los postulados decoloniales.

 

Cristian Sima Guerra 




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