El falso matriarcado

Ruego que tengan mucho ojito con los chistes que justifican la violencia: “mi mujer me pega”, “mi mujer me maltrata”. Esa es la negación a salir de una situación de supremacía familiar que se basa únicamente en el dominio violento de una parte, y todas las personas sabemos lo mal que acaban esas cosas.

Cuando yo hablo en casa mi mujer se arrodilla, y se pone «que salgas de debajo de la cama, ¡que salgas ya!»”.

Estas son las gracias que hablan de un matriarcado en las familias canarias. Un dominio de la mujer que, con hacer un pequeño análisis, con mover un poco esa cortina, vemos que es auténtica ficción y cada exposición no pasa de ser una gracia de cara a la galería.

Para empezar, tenemos que analizar científicamente la cuestión económica. ¿A nombre de quién se ponían las principales propiedades? ¿Las cuentas corrientes y las facturas? ¿Quién tomaba la decisión final sobre las compras importantes? Y, aunque la mujer asumiera papeles claves de cara a la educación o representación familiar, ante los hijos u otras mujeres del entorno, no se puede negar que había un gobierno patriarcal silencioso que caía vertical sobre el conjunto familiar y, en el mejor de los casos, se limitaba solo a pedir consejo a la mujer.

Nos gustaría poder afirmar que las cosas han cambiado mucho, que el poder se reparte y no hay predominancia en las parejas heterosexuales; pero la realidad es que en las parejas no heterosexuales también suele haber predominancia y, demasiadas veces, lo que se hace es copiar el papel del predominante de la sociedad patriarcal.

El reparto del poder nunca fue cosa fácil, pero en una sociedad que busque la igualdad se hace imprescindible en los hogares. Por eso, tenemos que reeducarnos y dejarnos de farsas y teatros que hablen, que bromeen, con cuestiones tan básicas e importantes. Hay que hilar fino para repartir propiedades o separar bienes, para tomar decisiones inteligentes en conjunto sin abusar de antiguos conceptos de predominancia, para apoyarnos mutuamente desde un concepto de igualdad y respeto y transmitir esos valores a las próximas generaciones. No hay evolución humana con el lastre del machismo.

No voy a dedicarle espacio al análisis y el porqué de los motivos femeninos para participar de esta situación falsa, pero sí pido reflexión sobre ello a quien pueda leer esto. Además, ruego que tengan mucho ojito con los chistes que justifican la violencia: “mi mujer me pega”, “mi mujer me maltrata”. Esa es la negación a salir de una situación de supremacía familiar que se basa únicamente en el dominio violento de una parte, y todas las personas sabemos lo mal que acaban esas cosas.

Así que no bromeemos con negatividad ni participemos del teatro que disfrazaba de matriarcado a una sociedad que históricamente ha sufrido liderazgos desmedidos y relaciones familiares fundamentadas en el abuso de poder. No lo hagamos si queremos algo mejor para las futuras generaciones, para la especie, y para un planeta que merece una humanidad con mejores valores y un comportamiento… ¿más humano?

 

Pedro M. González Cánovas




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×