El viernes 8 de junio tendrá lugar la Charla-Coloquio “Tejares, tejeros y tejas” en LA CASA VERDE (Firgas)

Bajo la organización del colectivo LA VINCA Ecologistas en Acción, el viernes 8 de junio de 2018, a las 19.00 horas, en el Centro Socio-Cultural LA CASA VERDE (c/ Los Berreros, nº 2 – Firgas), tendrá lugar la Charla-Coloquio “Tejares, tejeros y tejas”, a cargo del arqueólogo Antonio Manuel Jiménez Medina, quien nos acercará al trabajo de la teja y su producción en nuestras islas. Con este acto se cierra el programa de actividades desarrollado con motivo del Día de Canarias 2018.

Según nos comenta Antonio Jiménez, ponente de la Charla “Las tejas y los ladrillos se encuadran en lo que se denomina como cerámica a molde. Son materiales constructivos elaborados artesanalmente con barros o arcillas propias de las islas, que siguen unos patrones estandarizados y regulados que proceden, en sus orígenes, del mundo antiguo y medieval, cuyas cadenas operativas, así como su producción son consideradas como manufactureras. Entre estos materiales destacan, debido a la cantidad producida, por la demanda que tuvieron, pero sobre todo por ser los más conocidos, las tejas y los ladrillos. Si bien, en menor medida se llegaron a fabricar losetas, tejones e incluso, tal vez, caños y canalones.

La producción de tejas fue tan importante que en la toponimia de las islas se han conservado los nombres de “El Tejar”, “Las Tejas”, “El Horno de la Teja”, etc. Los materiales necesarios para la producción son el barro colorado o rojo (arcilla rica en óxido de hierro), la arena, empleada como desgrasante, así como el agua, para llevar a cabo la mezcla y obtención de la pasta arcillosa y, sobre todo, la leña empleada como combustible para abastecer a los grandes hornos.

La cadena operativa básicamente se caracteriza por la extracción del barro, el secado, machacado, cernido o cribado y luego la mezcla con agua. Se deja esponjar y se va amasando añadiendo arena (a veces se empleaba una vaca para el amasado). La pasta se coloca primero en el raidero, al que se le pasa la gradilla y luego se pasa a los moldes (llamados galápagos) en el caso de las tejas, para los ladrillos se coloca directamente la pasta en los moldes de dos ojos y se pasa el raidero. Posteriormente se procede al secado (en el mantillo, tendedero o tendal) y finalmente la cocción o guisado que suele durar una media de 24 ó 48 horas, dependiendo si se trata de tejas o ladrillos. Los hornos se caracterizan por ser descubiertos, tener doble cámara y presentan parrilla, asimismo tienen planta circular, suelen ser cilíndricos o troncocónicos (los hay de más de 6 metros de altura, 5 metros de diámetro y 1,50 metros de ancho) y se elaboraban con piedra muerta, ripio y barro, por dentro presentan enlucido de barro.

Las tejas se vendían por millares. Una teja poseía un valor a comienzos del siglo XVI de 1 maravedí. En el siglo XVIII 1.000 tejas se vendían por unos 82 reales de vellón. En los años cuarenta del siglo XX la teja se vendía a 0,50 pesetas la unidad, llegando a venderse entre 1 y 1,30 pesetas en 1950, entre 2 y 3 pesetas a finales de los sesenta y hasta 5 pesetas en 1970. En Gran Canaria se han inventariado, según la FEDAC, unos 50 hornos de tejas y ladrillos, para el caso de Firgas se han documentado dos hornos que se ubican en Los Barranquillos y Casas de Matos, ambos en el entorno de la Montaña de Firgas”.

Sobre todo esto y más nos hablará el arqueólogo aruquense Antonio Jiménez, por lo que desde La Vinca Ecologistas en Acción se hace una invitación a la sociedad firguense y grancanaria en general a asistir a la misma y participar en el posterior coloquio.


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