“Esta África del porvenir”

25 de Mayo, Día de África. Nota escrita por Frantz Fanon en el curso de la misión de reconocimiento e instalación de bases para la lucha anticolonial durante el verano de 1960. Frantz Fanon (1925-1961) psiquiatra nacido en Martinica. Luchador incansable de la causa anticolonial, autor de los que hoy son considerados clásicos de la emancipación, como pueden ser “Piel negra, máscaras blancas” (1952) o “Los condenados de la tierra” (1961). El presente texto ha sido extraído de “Por la revolución africana” (1964).   

Poner el África en movimiento, colaborar en su organización, en su reagrupamiento, detrás de sus principios revolucionarios. Participar en el movimiento ordenado de un Continente, tal era, en definitiva, el trabajo que yo había elegido. La primera base de partida, el primer zócalo, estaba representado por Guinea. Después, Mali, decidido de todo, ferviente y brutal, coherente y singularmente acerado, extendía la cabeza de puente y abría preciosas perspectivas. En el Este, Lumumba pataleaba. El Congo, que constituía la segunda playa de desembarco de las ideas revolucionarias, se encontraba en una encrucijada penosa de contradicciones estériles. Era preciso aún esperar antes de actuar eficazmente en las ciudadelas colonialistas que se llaman Angola, Mozambique, Kenya, Unión Sudafricana.

Sin embargo, todo estaba en su lugar. Y he aquí que el sistema de defensa colonialista, aunque discordante, resucitaba los viejos particularismos, y desmenuzaba la lava liberadora. Por el momento, era necesario mantener al Congo y avanzar hacia el Oeste. Para nosotros, los argelinos, la situación era clara. Pero el terreno se presentaba difícil, muy difícil. A partir del Oeste, necesitábamos probar, por medio de manifestaciones concretas que este Continente es uno. Que tras las opciones generales de los dirigentes, era posible determinar los puntos precisos en que los pueblos, los hombres y las mujeres, podían encontrarse, apoyarse mutuamente, construir en común. El espectro de Occidente, los matices europeos, estaban presentes y activos por todas partes. Las zonas francesa, inglesa, española, portuguesa, permanecían vivas. Oxford se oponía a la Sorbona, Lisboa a Bruselas, los patronos ingleses a los patronos portugueses, la libra al franco, la Iglesia católica al Protestantismo o al Islam. Y detrás de todo ello, los Estados Unidos, que se meten en todas partes, con los dólares a la cabeza, con Armstrong como heraldo y los diplomáticos negros norteamericanos, las bolsas, los emisarios de la voz de América…Y no olvidemos a la Alemania trabajadora, a Israel cultivando el desierto…  

Trabajo difícil. Felizmente, en cada rincón, hay brazos que nos saludan, voces que nos responden, manos que nos aprietan. Esto alienta.

El rumor rápido y tranquilizante de las ciudades liberadas que rompen sus amarras y avanzan grandilocuentes pero nunca grandiosas, estos antiguos militantes hoy son admitidos definitivamente en todos los exámenes que enfrentan… y recuerdan, pero el sol está todavía muy alto en el cielo y si se escucha con el oído pegado al suelo rojo, se oyen claramente rumores de cadenas herrumbrosas, los “han” de desamparo y los hombres se os caen, tanto está presente siempre la carne contusa en este mediodía abrumador. El África de todos los días, ¡oh!, no la de los poetas, no la que duerme, sino la que impide dormir, porque el pueblo está impaciente por hacer, actuar, decir. El pueblo que dice: Quiero construirme como pueblo, quiero palpitar, amar, respetar, crear. Este pueblo que llora cuando decís: Vengo de un país donde las mujeres no tienen hijos y los hijos no tienen madres, y que cuenta: Argelia, país hermano, país que llama, país que espera.

Esta es África, esta África que necesitamos dejar en el surco continental, en la dirección continental. Esta África que es necesario orientar, movilizar, lanzar a la ofensiva. Esta África del porvenir.

El Oeste. Conakry, Bamako. Dos ciudades muertes en la superficie, pero por debajo la temperatura es insoportable para quienes calculan, maniobran, se instalan. En Conakry y en Bamako hombres acuñan el África, la forjan con amor y entusiasmo.

(…)

Partimos. Nuestra misión: abrir el frente sur. De Bamako enviar armas y municiones. Sublevar la población del Sahara, infiltrarnos hasta los altiplanos argelinos. Después de haber llevado Argelia a los cuatro puntos cardinales de África, llevar todo el África hacia la Argelia africana, hacia el norte, hacia Argel, ciudad continental. Lo que yo desearía: grandes líneas, grandes canales de navegación a través del desierto. Vencer el desierto, negarlo reagrupar el África, crear el Continente. Que de Mali penetren en nuestro territorio malienses, senegaleses, guineanos costamarfileños, ghaneanos. Y los de Nigeria, de Togo. Que todos asciendan las pendientes del desierto y revienten sobre el bastión colonialista. Tomar el absurdo y el imposible a contrapelo y lanzar un Continente al asalto de los últimos bastiones de la potencia colonial.  

Frantz Fanon

 




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