La cochinilla mexicana ataca virulentamente el Valle de Güímar desde Candelaria

Cada día parece más evidente la intención de las administraciones públicas de dar la espalda al asunto y permitir el avance incontrolado de esta plaga que arrasa literalmente por este cultivo tradicional que llegó a representar un auténtico ciclo económico para este Archipiélago, además de servir de complemento tanto para la alimentación animal (pencas) como la humana (higos picos o tunos).

En fin, el proceso que comenzó ya hace un par de años en Tenerife, después de arrasar literalmente por esta planta introducida en la isla de La Palma, y obviamente nos encontramos ya ante una cuestión muy difícil de revertir, máxime cuando el interés es sencillamente nulo. Se quejaban estos días en el periódico El Día algunos vecinos de El Tablero, en Santa Cruz, de esta plaga no tanto por el daño al cultivo en sí sino por los olores de la podredumbre masiva de las pencas, pero la preocupación no pasa de ahí.

Pero, entre otras cosas, alguien quizás debería reflexionar sobre el riesgo que supone la desaparición de esta especie que en muchos lugares (además de que se sigue cultivando para la venta de higos picos fundamentalmente) en lo que tiene que ver con la proliferación de incendios forestales en entornos urbanos puesto que muchas veces hacía de cortafuegos natural, ya veremos qué ocurre cuando en su lugar proliferen arbustos o zarzas que nadie limpiará tampoco. En fin, una reflexión sobre un asunto que por dejadez se ha dejado pudrir literalmente, nunca mejor dicho. Otro más.

 

 

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