La marca política

Conseguir establecer una marca política es el objetivo primordial de cualquier partido. Adecuar ésta para lograr una cantidad considerable de votos es hacer bien la tarea.

Hay quién está largos periodos fabricando su marca. Hay quién se apropia de una prefabricada y de fácil aceptación popular (marcas blancas) aún a sabiendas de sus limitaciones originales. Lo cierto es que, si no mantenemos nuestra marca en proceso de construcción continuado corremos el riesgo de momificar el proyecto político y capar sus raíces sociales, con lo que estaría abocado a una muerte anunciada.

Algunas marcas blancas (ecologismo, feminismo, animalismo…) están encaminadas a ser absorbidas por ideologías mayores y ser abducidas por el progreso real. No se puede vivir eternamente de trozos ideológicos, sin consciencia de que no se goza de exclusividad. Los fundamentos tienen que apoyarse sobre una base firme y amplia, tienen que inmiscuirse y tener respuesta para todo el ámbito social.

Es verdad que las últimas marcas blancas, las que se apropian del movimiento 15M y se presentan enfrentadas a un sistema que cojea por estar a punto de caducar, han tenido una fortaleza de nacimiento indiscutible; por estar sostenidas sobre un clamor popular que advertía de una sociedad harta de corrupción, de clasismo y distanciamiento de la política, etc. Pero de la misma manera, indiscutiblemente, hay que darle color político a toda propuesta y el periodo se maleabilidad, de saltar de izquierda a derecha, se agota y va tocando definirse con claridad. Cierto es que eso puede restar votantes, y que el discurso tampoco puede limitarse a adaptarse a un solo sector social; porque eso es otro de los males típicos de plantar en maceta en vez de en tierra firme, y esa acotación cierra una burbuja que muy pocas veces crecerá.

En Canarias hay una marca en proceso de creación que se distingue de las demás. No me refiero a las descafeinadas que acabaron abducidas por marcas blancas del más allá, me refiero a marcas propias empeñadas en construir el socialismo canario de siglo XXI. Son unas siglas definidas como socialista, ecologista, feminista, animalista, independentista… con proyecto de futuro, con respuesta social… pero que aún no ha sido capaz de enraizar socialmente.

Seguramente no ha sido solo la falta de tiempo, el vacío mediático, la falta de apoyos financieros, o la competencia desleal de los dueños de los medios de comunicación, de los mejores clientes de los bancos, de los aprovechados de la situación colonial, etc. Si no que, tal vez, la nueva voz está compuesta por un discurso para “socialistas, ecologistas, feministas, animalistas, independentistas…” olvidando que al pueblo llano hay que darle soluciones masticadas y libres de títulos políticos: hay que expresarse para llegar al global de la sociedad.

Y, si no fuera eso, lo que sí es seguro es que hay que soltar el lastre que nos frena en la construcción de la marca. Alejarse de las pesadas mochilas que retienen el ritmo necesario para evolucionar, para progresar a la velocidad de los acontecimientos y lograr adaptar la propuesta a la necesidad real de nuestra gente. Desprenderse de complejos, pero sin dejar de ver en nosotros y nosotras mismas el enemigo a superar.

Porque creo en esa capacidad de autocrítica actual, me atrevo a hacer este rápido análisis y aportar mis humildes sugerencias; sabedor de que estamos en un momento prometedor, llenito de ilusión y siendo cada vez más y estando mejor situados en la parrilla de salida de política social; con una nueva fuerza política canaria que puede ser la guía de verdad hacia el progreso social y la libertad nacional.

 

 

 

Pedro M. González Cánovas

(Miembro de ANC)

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