La tradición de resistencia

25 de Mayo, Día de África. Ngũgĩ wa Thiong’o (1938) es un escritor keniata preocupado por la liberación política, social y mental de los pueblos de África y del mundo que sufren la opresión colonial y neocolonial. La descolonización mental de los pueblos oprimidos le lleva a ocuparse desde el lenguaje y la literatura de los procesos de construcción de la identidad nacional, cultural, social e histórica. La situación política de Kenia lo ha abocado al exilio desde hace varias décadas. Este fragmento forma parte de la introducción del libro Descolonizar la mente, donde reúne cuatro conferencias realizadas entre 1981 y 1985.

Consideraré las realidades de África en función de cómo se ven afectadas por la gran batalla entre dos fuerzas que se oponen mutuamente en el África contemporánea: por una parte, una tradición imperialista y, por la otra, una tradición de resistencia. La tradición imperialista en África la mantienen hoy en día la burguesía internacional usando las multinacionales y, por supuesto, las clases dirigentes nativas, ondeando las banderas nacionales. La dependencia económica y política de esta burguesía neocolonial africana se refleja en su cultura de imitación y de repetición, que impone a una población adormecida con botas policiales, alambre de espino y unos estamentos clerical y judicial complacientes.  Extienden sus ideas a través de un grupo de intelectuales estatales, los académicos y los periodistas laureados del establishment neocolonial. La tradición de resistencia la mantienen los trabajadores (los campesinos y el proletariado urbano), con la ayuda de los estudiantes patriotas, los intelectuales (sean o no académicos), los soldados y otros elementos progresistas de las clases medias menos privilegiadas. La resistencia se refleja en su defensa patriótica de los orígenes campesinos y proletarios de las culturas nacionales, en su defensa de la lucha democrática de todas las nacionalidades que habitan un mismo territorio. Cualquier golpe contra el imperialismo, sin que importen sus orígenes étnicos o nacionales, es una victoria para las fuerzas antiimperialistas de todas las nacionalidades. La suma total de estos golpes, sin que importe su dimensión, tamaño, escala o el momento histórico en el que ocurran, constituye la herencia nacional.

Para estos defensores patrióticos de las culturas de lucha de los pueblos africanos, el imperialismo no es un eslogan. Es real, es palpable en su contenido y forma, y en sus métodos y efectos. El imperialismo es el gobierno del capital financiero consolidado y, desde 1984, este capital monopolista y parasitario ha afectado, y continúa afectando, a las vidas de los campesinos incluso en los rincones más remotos de nuestros países.

Ngũgĩ wa Thiong’o




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