Oligarquía, colonialismo y Ley del Suelo

No puede negársele al pueblo pan y circo.

¡Están pero que muy lindas las luminarias!

Tirano Banderas

En relación con la Ley del Suelo, pese a que la autodenominada izquierda parlamentaria canaria especulaba sobre los votos de los consejeros del PSOE, no se produjo ninguna sorpresa. Ciertamente, no era previsible ninguna  sorpresa, aunque ellos y ellas seguían con sus ridículas plegarias a los “socialistas”. Lo previsible fue norma  y, el pasado 8 de agosto, el Ejecutivo canario aprobó, sin ningún problema, el proyecto de  Ley del Suelo.

En Canarias, por razones coloniales obvias, el guion está escrito desde hace un montón de años. Se le pueden añadir los matices que deseemos a ese guion, pero nuestra larga historia colonial está marcada por la extracción de rentas al precio que sea; rentabilizar el suelo, el agua y las personas que habitan este archipiélago. Las formas han cambiado, pero los fines han sido los mismos: beneficiar a todo el conglomerado de intereses coloniales.

Una buena parte de esos intereses coloniales están representados por una oligarquía isleña de contornos difusos, pero que -pese a su afición al camuflaje- puede ser definida de una forma precisa. Una oligarquía que, más allá de sus pugnas intestinas, ha sido capaz de promover una dinámica de pactos coloniales con la metrópoli; adoptando diversos roles según el momento y los intereses que estuvieran en juego.

De una forma brillante esa oligarquía canaria ha sido capaz de colocarse como eslabón fundamental en los engranajes del poder en las Islas, rentabilizando su condición de “nativa” a la hora de interconectar todos los elementos que conforman y perpetúan el dominio colonial. El logro más destacado de esa oligarquía canaria ha sido el de conseguir el equilibrio perfecto en su labor de mediación; convirtiéndose en ventajoso trapecista entre los diferentes intereses contrapuestos y necesariamente contradictorios. La oligarquía canaria se ha configurado históricamente como un elemento fundamental en la mediación entre los intereses del Estado-metrópoli y la(s) oligarquía(s) goda(s), y los intereses de compañías extranjeras implicadas en la extracción de rentas en las Islas.  

La oligarquía canaria y los partidos políticos

Uno de los reduccionismos más absurdos a los que nos tiene acostumbrados la progresía isleña es el de confundir una parte del engranaje instrumental oligárquico con la oligarquía en sí. Un reduccionismo que tiende a confundir a la oligarquía canaria con una parte del aparato de poder que ella misma ha puesto en marcha; es decir, se confunde la totalidad del proyecto oligárquico con Coalición Canaria, partido que solo representa una parte de ese proyecto. El poder instrumental de la oligarquía va más allá de un solo partido. De hecho, el PSOE y el PP también forman parte del aparataje político-instrumental de esa oligarquía.

Sería muy importante no caer en reduccionismos y, por tanto, ser capaces de ver los “encajes” que el poder político hace en las Islas. La minoría poderosa se organiza a través de una red institucional, que tiene como principal fin controlarlo todo (cámaras de comercio, asociaciones de empresarios, clubs sociales, etc.). Las cúpulas de los grandes partidos “canarios” participan directamente de esos intereses. La extracción de rentas reclama un control social (paz social) que, a su vez, implica un control ideológico de la población (el pastoreo de las masas). De una forma muy subrepticia, los poderes oligárquicos son capaces de controlar todos los aspectos de la vida social, política y económica de las Islas. La oligarquía tiende sus tentáculos sobre todo: medios de comunicación, universidades, instituciones culturales, etc.

La oligarquía canaria participa directamente del mantenimiento del orden colonial. Por su parte, el Estado responde a esta “fidelidad isleña” garantizando el sostenimiento y la protección a estos grupos de poder locales. Se debe tener en cuenta que los desequilibrios y contradicciones del colonialismo condicionan el propio carácter de nuestra oligarquía: inestable, desmemoriada y aparentemente quebradiza. Por esa razón,  los  pactos coloniales entre las “élites nativas” y la metrópoli se han debido ir refrendando a lo largo de los siglos, convirtiéndose en el correlato inmanente de la inestabilidad y la precariedad características del hecho colonial canario.

La Ley del Suelo 

La Ley del Suelo obedece a los intereses de la oligarquía canaria y de la(s) oligarquía(s) goda(s) y, obviamente, a los intereses de las mencionadas compañías extranjeras. La Ley del Suelo facilitará el expolio que supone la extracción masiva de rentas; revalorizando los sectores más influyentes y mejor adaptados a la economía del saqueo. De una forma particular,  esta Ley difumina las barreras legales que frenan la reacumulación de capitales por medio de la desposesión territorial del pueblo canario. En los aspectos eminentemente políticos, la Ley del Suelo permite a Coalición Canaria recuperar gran parte del poder de influencia que, hasta no hace mucho, la caracterizó como engranaje político predilecto de la oligarquía canaria. Se trata, en gran medida, de una “jugada maestra” de Clavijo y de los suyos; una jugada que les permite retomar la iniciativa y frenar la pérdida de influencia entre los sectores empresariales y entre sus propios correligionarios (“tocados” por la notable pérdida de poder en las instituciones políticas isleñas y españolas). Una jugada, la del clavijismo, que ni el Partido Popular ni el PSOE pueden deslucir sin afectar a sus propios intereses y a la “obediencia debida” a los poderes oligárquicos canarios y españoles que garantizan el mantenimiento del orden colonial en las Islas. Sea como sea, el PP y el PSOE han dejado hacer a Coalición Canaria.

A nadie se le escapa que el papel de los “nacionalistas” resulta “necesario” (por el momento) para el mantenimiento del statu quo isleño. Se trata, por tanto, del  reparto de las cuotas de poder, y el reparto de las rentas que garantizan los equilibrios imprescindibles para el mantenimiento del gran “negocio canario”.  

Ley del Suelo y colonialismo

La Ley del Suelo entronca con la larga historia colonial: el expolio y la desposesión en las Islas. Una vez más, con esta ley, ganarán los que arrasan el territorio con buldóceres y mentiras. De hecho, como ya se ha demostrado empíricamente, no se generarán más puestos de trabajo; aunque se arrasen mil veces las Islas y se urbanice cada milímetro del territorio, el paro y la miseria son inherentes a la condición colonial y su lógica extractiva. La única alternativa pasa por derrotar a la oligarquía canaria y a todo el colonialismo español que protege manu militari sus intereses. De la misma forma, debemos desenmascarar a todos aquellos sectores que directa o indirectamente han apoyado los intereses oligárquicos ayudándoles en su proyecto colonial-totalizador al promover el actual orden de clase o “paz social”. Por esta razón, debemos estar advertidos sobre aquellos que piensan que un cambio político en la metrópoli propiciará la transformación de la realidad política, económica y social de las Islas, y que, por esa vía, se conseguirá  la superación de lo colonial o la colonialidad. Esto no deja de ser una creencia ridícula. Una creencia propia de aquella supuesta izquierda canaria embebida de elitismo, empeñada en pasar de puntillas sobre los verdaderos problemas de las Islas.  

En definitiva, la lucha contra la Ley del Suelo se enmarca en la gran lucha anticolonial que deben emprender las masas oprimidas de las Islas, la gran lucha de la mayoría oprimida  y desposeída. En Canarias, la delimitación del campo de batalla es claro entre opresores y oprimidos. No existen sectores oligárquicos “menos dañinos”, puesto que la existencia de esa oligarquía pasa por el mantenimiento del actual orden colonial, que irremediablemente deberá ser derrotado si aspiramos a la libertad del pueblo canario, esa gran masa desposeída, testigo silenciado de siglos de expolio y saqueo de las Islas “Afortunadas”.

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