¿Parar a la ultraderecha?

Estos días vuelve a escucharse todo el rato la cantinela de la necesidad de parar a la ultraderecha (refiriéndose muy claramente al PP de Ayuso y a Vox). Uno no puede evitar preguntarse si realmente se busca eso o simplemente la poltrona, que ya en el gobierno central estaba el señor Iglesias bastante desgastado. Pues, curiosamente, ¡la necesidad de parar a la ultraderecha sólo reaparece en periodos electorales!, el resto del tiempo hasta se puede estar de risas con ellos. Esta vez va de “parar la ultraderecha” en Madrid, el centro y la capital del reino borbónico que nos tiene bajo el yugo colonial.

La ultraderecha en España tomó el poder en el año 1939 tras masacrar a toda persona con ideas progresistas y laicas (e incluso a cristianos de otras ramas diferentes al catolicismo) y, cuando murió el dictador Franco y la izquierda peleó por una democracia que dejase atrás el fascismo, entonces la ultraderecha (la élite franquista) -en connivencia con EEUU (aunque tenían sus diferencias con los yanquis, claro), el PSOE de Felipe González y el PCE de Santiago Carrillo- reformó el régimen fascista a su imagen y semejanza para dejarlo todo atado y bien atado. Así que la ultraderecha es el Estado, es el régimen, es la monarquía, es el ejército (especialmente sus mandos), es la Iglesia y su concordato, es la Audiencia Nacional, es la guardia civil, son los monopolios, etc.

Y claro, la naturaleza del Estado y del régimen no cambian porque unos señores y señoras progresistas ganen elecciones o entren a gobernar como el eslabón débil de una coalición supuestamente progresista (recalco lo de supuestamente). La naturaleza y esencia del régimen reaccionario no se cambia a golpe de reformas. Por lo tanto, el único modo de parar a esta ultraderecha (que tiene el verdadero poder, pues como reconoció Iglesias, estar en el gobierno no es tener el poder) es pelear y luchar por la ruptura democrática con el fascismo, y para eso hace falta organización y lucha en base a un programa democrático (programa, programa y programa, decía muy acertadamente Julio Anguita). ¿Vemos algo de eso a nuestro alrededor? No, ni eso ni algo que se le parezca mínimamente. Lo que vemos es a hombres y mujeres de la política institucional diciendo que el régimen es una democracia que, por desgracia, tiene sólo algunas pequeñas deficiencias, pero que ellos las pueden arreglar si les votamos, si cogen puestito y hacen unas cuantas reformas con el apoyo del PSOE, que como todos sabemos no es un partido del régimen ni nada de eso.

Pero, como se ha indicado, una reforma no puede erradicar un régimen reaccionario, ¡solo modificar algunos de sus aspectos más nocivos y conocidos por la opinión pública! De hecho, la entrada al gobierno de Unidas Podemos no ha impedido que el régimen siga reprimiendo todo lo que se le pone por delante: han aumentado las condenas por injurias contra la Corona (incluido el encarcelamiento del rapero Pablo Hasel) y las condenas por ofensas a los sentimientos religiosos, ha continuado la guerra sucia contra el pueblo vasco (no olvidemos a los jóvenes de Alsasua), sigue completamente vigente la ley de seguridad ciudadana (“ley mordaza”), se sancionó y expulsó del ejército a un cabo que firmó un manifiesto anti-franquista, etc, etc, etc. Y, por otro lado, los neonazis, falangistas y voxeros siguen con la libertad e impunidad de la que siempre ha gozado la ultraderecha en borbolandia. Y no debemos olvidar que sigue sin derogarse la retrógrada reforma laboral del PP, que se van a reformar las pensiones al gusto de Bruselas, que se aprobó un IMV que no se le da a nadie, que no se ha tocado la banca privada y no se le ha pedido que devuelva el dinero del rescate tras la crisis de 2008, que seguimos en la OTAN y vendiendo armas a Arabia Saudí para que masacre a los yemeníes, que se reconoció a los golpistas Jeanine Añez en Bolivia y Guaidó en Venezuela, que los fondos de reconstrucción del Covid-19 están cayendo en manos de la gran empresa mientras se abandona al trabajador a su suerte, que el régimen sigue aplastando los derechos de los inmigrantes en la frontera sur, que la vivienda cada vez es más inaccesible, que se antepone la economía frente a nuestra salud, etc, etc, etc.

Así que, inevitablemente, me pregunto: ¿a qué ultraderecha están parando estos vendidos? Si hasta contribuyeron a salvarle el culo a Juan Carlos I (verver y ver), se opusieron a que Marlaska explicara si abriría investigación o tomaría algún tipo de medida por el brutal asesinato bajo tortura de Mikel Zabalba cometido por guardia civiles en 1985 (ver), votaron dos veces en contra de abrir el expediente deltortudador franquista Billy el Niño (ver)y sólo recularon cuando la crítica y la presión social les obligó a ello (ver), se opusieron a que Grande Marlaska dimitiera por sus políticas migratorias ultraderechistas (ver), culparon a Cruz Roja de las malas condiciones de los migrantes en el campamento del Canarias 50, quitándole responsabilidad a su socio de gobierno (ver) y un sinfín de cosas muy cuestionables y criticables. Repito, ¿a qué ultraderecha paran estos vendidos?

 

Cristian Sima Guerra

 


 

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