Pompeo, la monarquía teocrática y la Arabia (in)Feliz

La guerra de Yemen es ya la tragedia (ignorada) de nuestra generación ¿No había oído el lector hablar de ella? No es el tema central de nuestros telediarios por motivos más que obvios: porque estamos con los malos o, incluso, porque somos los malos. Este conflicto bélico, que se había cobrado unas 91.000 en junio de 2019, que ha allanado el terreno al cólera (2.556 víctimas) y a la muerte infantil por inanición (84.701 víctimas), se mezcla con la creciente tensión entre EEUU e Irán, país que lleva en el punto de mira del gigante norteamericano desde hace décadas.

Pero, ¿qué pintamos nosotros en este horrible genocidio? Por su parte, Arabia Saudí lleva interviniendo en el país desde 2015, cuatro años después de las protestas anticorrupción que destronaron a Abdullah Saleh, lapso de tiempo durante el cual ha bombardeando con ferocidad a los rebeldes huthíes del Yemen, como se demostró la masacre de más de cien seres humanos en una cárcel de Dharma hace unos meses. Es este el momento para recordar que, en 2018, España fue el cuarto mayor exportador de armas a la monarquía teocrática de Arabia Saudí, país con el que casi se duplicaron las ventas desde el estallido de la guerra. Es decir, no es extraño que las masacres hayan sido peccata minuta hasta ahora, cuando el flujo de hidrocarburos, el leit motiv de nuestra civilización, se ha visto en peligro.

¿Por qué ha ocurrido tal cosa? Porque ahora los huthíes tienen drones, drones y mucho resentimiento. Saben perfectamente que Arabia Saudí es un petroEstado, un país cogido con pinzas de crudo, y le han atacado donde más le duele. Así, el pasado sábado los rebeldes bombardearon dos refinerías, causando la reducción del 50% de su producción. Esto enfureció al ministro de Energía, que calificó al ataque de cobarde, relacionándolo directamente con el “terrorismo” financiado por Irán, aún cuando el ataque no ha causado ninguna pérdida humana. Irán, país que este año se retiró del Pacto Nuclear al ver que EEUU tampoco tenía en sus planes respetarlo, ha respondido asegurando que no tiene nada que ver, que no quiere la guerra, y recordando que sobre Yemen caen bombardeos saudíes diariamente.

¿Qué significa todo esto? EEUU vuelve a ejercer su papel de gendarme mundial. Irán forma parte de lo que el presidente Bush denominó Eje del Mal, un intento algo torpe de crear una analogía entre los diversos regímenes que así englobó y a los del Eje de la Segunda Guerra Mundial. El Estado iraní recibió el desagradable epíteto de rogue state, algo así como Estado granuja, que a vista de los hechos parece hacer referencia a todo Estado que no se pliega a las demandas estadounidenses, que no reniega de su soberanía. El 19 de septiembre, ni una semana después del ataque, se reunían en Arabia Saudí el príncipe heredero y el secretario de Estado de EEUU. Ambos estaban de acuerdo en que se debían de tomar medidas, la circulación del petróleo debía seguir en pie. En una demencial conversación donde aquel que estuvo a punto de atomizar Irán hace unos meses hablaba en nombre de la paz, se confirmó la necesidad de que la comunidad internacional se una para contrarrestar la continua amenaza del régimen iraní y acordaron que el régimen iraní debe rendir cuentas por su comportamiento agresivo, temerario y amenazante.

¿Qué hacer? Es en este contexto que se pone de relieve un detalle histórico, una evidencia no escrita y jamás admitida por sus defensores: el liberalismo defiende la libertad, pero su defensa de la libertad pone el énfasis en la libertad económica, o en otras palabras, en la libertad de la mercancía para moverse de un sitio a otro. En este punto las vidas humanas valen más bien poco, Arabia Saudí puede cometer el peor de los genocidios, pero el mayor defensor del capitalismo, Estados Unidos de América, se preocupará si y solo si el flujo de los hidrocarburos está en peligro. Es la condición sine qua non para que la Guerra contra el Terrorismo vuelva a las andadas. Pero ¡cuidado! Terrorista puede ser cualquiera, especialmente si molesta.

Pablo Daniel Ramos Infante




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×