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¿Qué delito habremos cometido las personas que nos enfermamos?

A lo largo de la vida distintas enfermedades por diversas causas, siendo mayoritariamente ajenas a nuestra voluntad, debiendo tener un sistema público, digno y de calidad de sanidad para afrontar ese periodo con la mejor calidad de vida posible, situación que no se da, aunque nos vendan diariamente que vivimos en una sociedad moderna.

La aparición de cualquier patología supone un efecto negativo en tus relaciones familiares, laborales y sociales, siendo por si solas suficiente “castigo” por tener la desgracia de enfermar, pero el sistema se encarga de que ese sufrimiento solo acabe de empezar.

Comienza la odisea en las listas de espera: lista de espera para que te vea el medico de cabecera, lista de espera para la interconsulta, lista de espera para las pruebas, lista de espera para que te vea el especialista, lista de espera para intervención, haciéndote entender que si llegas a cumplir estas listas de esperas eres un privilegiado pues quien no precisa lista de espera es el forense, y si no pasas por su consulta todo va bien.

Una vez intervenido pasas a ser ingresado en una habitación hospitalaria que, si quieres oír y ver la televisión te “sisan” una cantidad de dinero, cuando lo menos que importa es ver cualquier programa televisivo, sino que a través de la caja tonta te cercioras de que el mundo sigue girando, que el sol sigue saliendo todas las mañanas, en definitiva que aún estas en este mundo, por lo que deberías ser considerado una terapia el hecho de poder contactar “virtualmente” con el mundo, de lo contrario solo sientes que estas apartado de la humanidad postrado en una cama, con alimentación controlada, con seguimiento médico, lo que llega a sentirte inútil y como alguien que ya no pertenece a la sociedad. De ahí la importancia de mantener una ventana por donde ver aún existe el mundo.

Durante este proceso y posterior a la intervención, deben hacerte una serie de pruebas médicas para conocer exactamente la afección que padeces y la mejor forma de tratarla, pruebas que en algunos casos conlleva un tiempo largo (una hora o más), y que deben hacerse sin que consumas alimento o bebida alguna hasta la finalización de la prueba. Y es aquí donde te vuelven a castigar por haberte enfermado. Una vez terminada la prueba procedes a asistir a la cafetería del hospital y compruebas estupefacto, que debes hacer una larga cola para hacer el pedido, recordemos que estas enfermo sin alimentarte ni hidratarte en un tiempo y, bajo los efectos de haber pasado una prueba sanitaria. Esa larga espera, de pie, es una tortura, máxime cuando sufres patologías de referentes a la movilidad, por lo que es mejor optar por salir de las instalaciones hospitalarias y acudir a cualquier cafetería de la calle para poder ingerir algo de alimento y bebida.

La pregunta es ¿afecta tanto en la cuenta de resultados el poner camareras que sirven en las mesas a las personas que acuden a la cafetería del hospital?

¿No es suficiente el castigo de soportar las listas de espera, las influencias negativas en la vida familiar y laboral, el realizar cambios de habito de consumo, que a eso le tienen que añadir el sisarnos por ver televisión y el hacer colas para ingerir algún alimento y bebida?, que hay que hacer constar que los precios de las cafeterías de los hospitales no son precisamente baratos y visto el precio que cobran ya podrían prestar un servicio adecuado y que dignifique a las personas.

Entiendo que hay dos opciones: O los dirigentes de la sanidad publica pretende deshumanizar a las personas enfermas, o las personas que nos enfermamos, cometemos un grave delito, por el mero hecho de enfermar, y nos juzga el “santo oficio”, visto el nivel de tortura tan brutal.

Desgraciadamente estos comportamientos se están normalizando por la sociedad, generando impunidad ante las “bestias inhumanas” que nos las imponen, y les facultan para seguir privatizando los servicios (externalizando, como lo llaman “finamente” para despistar).

 

Toño Linares

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