Soy ludópata

Lucía una joven inglesa me cuenta como ha sido su caída en el mundo del juego online y de casas de apuestas

Hoy es un cálido día de verano, mientras camino a paso ligero unas ligeras gotas de sudor se deslizan por mi frente. Los rayos del sol impactan de manera directa en mi cabeza, buscó de manera inconsciente un punto de sombra donde poder tomar un respiro, pero sé que no puedo parar así que intento obviarlos pues mi próxima entrevistada me espera en nuestro punto de reunión, que no es otro que el increíble Parque Tahoro de Puerto de la Cruz.

Llegó al punto de encuentro y mi entrevistada me envía casi de manera inmediata un whatsapp avisando de que se retrasa un poco, no me importa pues así podré volver a coger aire y por qué no disfrutar del mirador donde estoy situado a donde llega una ligera briza directa del Océano Atlántico.

Comencé a jugar durante el periodo de la pandemia, en ese momento en el que no podíamos salir de nuestras casas y en el que todo quedó en suspenso.

Llega ella, la llamaremos Lucía. Es una joven de origen inglés que lleva toda su vida viviendo en Tenerife, tiene unos ojos de azul cristalinos que expresan una tristeza tan profunda como el mismo océano, unas pecas pintan sus facciones que tiene un color casi tan blanco como la nieve, una melena de tamaño medio de color miel.

Se acerca, nos saludamos y vamos poco a poco hasta el banco más cercano. Cerca hay varias personas, titubea quiere comenzar, pero a la vez no, no la fuerzo y dejó que el tiempo pase, se ya por experiencia que jamás debo forzar a la persona entrevistada y finalmente comienza a brotar sus palabras.

Me llamo Lucía, tengo algo que contar, y creo que es el momento adecuado. Comenzaré diciéndote que soy ludópata, que el juego acabó destrozando mi vida, perdí el empleo de mis sueños como docente, mi familia me repudia y el amor de mi vida ya solo siente odio por mí.

No puedo más que expresar un gesto de sorpresa, me sonríe y continúa con su relato.

Comencé a jugar durante el periodo de la pandemia, en ese momento en el que no podíamos salir de nuestras casas y en el que todo quedó en suspenso. Tenía miedo, ya sé que no es una excusa, pero el juego me sirvió como método para abstraerme de todo lo que escuchaba a diario en los medios de comunicación, comenzaba a jugar a las diez de la mañana y podía terminar a las doce de la noche.

Al principio de la pandemia, en el periodo de encierro hablaba casi de manera diaria con mi familia y con mis amistades, hacia repostería y mi pareja realizaba escapadas para pasar varios días, pero según me sumergía en el juego online deje de prestar atención a todo lo demás, no cogía la llamada de las personas de mi entorno y cuando él venía lo ignoraba, en mi mente solo tenía un objetivo: JUGAR, JUGAR Y JUGAR. En un principio intentó razonar conmigo y creyó conseguirlo, ese día salió de mi casa casi feliz, pero se dejó la cartera con una de sus tarjetas de débito, mis ahorros se estaban esfumando a pasos agigantados y al ver su tarjeta no dude en usarla, al fin y al cabo, también me sabía su código de seguridad.  

En menos de una semana vacíe su cuenta. Lógicamente se enteró al llamarle su banco por el uso desmedido de la misma y por no poder cobrarse su letra de la hipoteca. Llegó a mi casa, recogió sus cosas sin decirme una palabra, y yo intentaba decirle que le devolvería todo su dinero, todo esto sin dejar de jugar, me dijo que jamás le habían decepcionado de esa manera, salió por la puerta y nunca más he vuelto a verle.

Así ha ido pasando mis últimos años y meses, robando, prostituyendo mi cuerpo y mis manos por unos cuantos euros.

Pasó el tiempo, tuve que salir de la casa que tenía alquilada desde que contaba con 18 años, dado que no podía pagar el alquiler ni los gastos corrientes o comer, volví a la casa de mis padres que me abrieron sus puertas para acoger a la hija extraviada, comencé a tratar mi problema, pero de poco sirvió en mi cabeza solo sonaba una palabra de manera reiterativa: JUGAR, JUGAR, JUGAR.  Ya no contaba con un smartphone o conexión a internet, pero cerca de casa sabía que había una casa de apuestas, y un día entré. Llevaba mi último sueldo y lo liquide en una sola noche. Lloré. ¡Oh, Dios mío! ¡Jesús, cómo lloré! Pero no por recaer, sino porque no sabía cómo podía conseguir más dinero para seguir jugando. Sin pensarlo mucho, volví a casa, sabía dónde guardaba mi madre las joyas que mi abuela le había dado antes de morir, y las vendí. Presta y veloz volví a la casa de apuesta, la chica me miró con pena, y me dijo que si no sería mejor que descansara. La mande a la mierda y comencé a jugar y apostar como si no hubiera un mañana. Quiero que tengas en cuenta que era día laborable y al momento de salir vi que tenía un aviso de mi centro: me despedían. Lloré, pero te repito que lloré no por perder el empleo, no por robarle a mi propia madre, sino que lloré por no poder seguir apostando.

Así ha ido pasando mis últimos años y meses, robando, prostituyendo mi cuerpo y mis manos por unos cuantos euros, ahora estoy hablando contigo, pero a la vez que te transmito mi historia también tengo en mi cabeza que tengo que JUGAR, JUGAR, JUGAR.

La miro, unas lágrimas y una sonrisa amarga se dibujan en su cara. Me dice que intenta dejarlo, pero que le resulta imposible, me dice que hay una cosa que le preocupa y es que hace poco comenzó a ver como los más jóvenes de su barrio están acudiendo.

Jesús, se están destruyendo como me destruí yo. Hay que frenar el juego y limitar las casas de juego o de apuestas. Yo comencé por un bono que me regalaban, y por eso perdí todo incluida mi alma y mi dignidad; mis hermanos y hermanas no me hablan; mis amistades se difuminaron, así como la confianza de mis padres que me dan un techo pero que tienen su dinero, cosas de valor y similar guardadas en una caja de seguridad en casa.

El juego es una droga muy adictiva, y de fácil de acceso, tenemos un grupo de drogodependientes cada vez mayor y casi no existen recursos para combatirla.

“¿Me permites decirte como cerrar mi entrevista?” Le digo que sí.

“El juego mata y destroza vidas.”

 

 Jesús Socas Trujillo

 

 

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