Entre las Sombras (Hombre)

Jasmín era una madrileña que justo acababa de terminar el instituto y planeaba descansar bajo el sol antes de empezar su grado de historia en la universidad. Había cumplido la mayoría de edad hacía poco y tenía cierta popularidad gracias a su cuerpo voluptuoso y moreno, aunque lo que más destacaba era su ligeramente ondulado cabello, sus verdes ojos y sus carnosos labios. Muchos la veían inalcanzable y ella acabó teniendo como novio a tres capullos en total, los cuales acabaron distantes con ella, sea espantados, sea mediante un alejamiento agresivo e insultante.

Ella a menudo lloraba por las noches porque sentía cierta paranoia y soledad acompañada. ¿Era ella tan horrible? Su ego se desplomaría a diario si no fuese por su amigo Johan, un noruego con el que empezó a chatear en inglés a través de Facebook hacía dos años atrás, y éste siempre consolaba con lo que todos han oído en un estado entristecido: No te preocupes.

Johan siempre consolaba a Jasmín y hasta se podría decir que se había forjado un lazo emocional lo suficientemente fuerte como para decir que se querían.

Se desahogaban, se escribían mensajes tiernos y se enviaban corazoncitos. Jasmín llegó al punto de querer verle por el video chat y tener sexo virtual, pero él siempre tenía una excusa para no enseñarse, como el no tener cámara, que cuando se compraba una no funcionaba o que el programa no se instalaba. Sin embargo, le propuso a Jasmín que lo hiciese ella y que él miraría mientras ella miraba las fotos que Johan le había mandado de sí mismo. No forzó a Jasmín de ninguna manera y a ella le excitaba la idea de masturbarse ante alguien que no podía ver sabiendo que esa persona se está masturbando con ella.

Johan no era Johan. Era Felipe, un hombre de treinta y nueve años que resultó enamorarse de Jasmín cuando se había mudado junto a él hacía tres años. Durante el primer año, el vecino se limitó a mirar por la mirilla o la ventana cada vez que salía de casa, o esperaba en la puerta para poder hacerse el simpático saludándola casualmente, pero ella se limitaba a poner cara de asco, y él entendió que ella pensaría que es viejo, un pederasta y un asqueroso en general. No se hacía a la idea de este rechazo y al darse cuenta de que ella siempre estaba cabizbaja con el móvil en las manos, escribiendo a amigas y a amigos con demasiada libido, y se le ocurrió hacer un perfil falso de un tal Johan, que vivía demasiado lejos como para pensar en visitarse fácilmente. La guinda era el no tener dinero para cualquier visita a corto plazo.

Johan era apuesto, sensible, humilde, con problemas familiares y sociales, asique no le hizo demasiada falta trabajar demasiado el hecho de que apenas salía de casa y por eso escaseaba en fotos cuando en realidad buscó un perfil abierto de un chaval de dieciséis años que sufría de depresión. Llegó hasta ensayar durante días el cómo expresarse como un joven y revisando el su oxidado inglés con un diccionario online, y cuando se vio preparado envió una solicitud de amistad.

El razonamiento de Felipe llegaba hasta las fantasías de una obra romántica donde la chica que rechaza por lo aparente acaba enamorándose metafísicamente de aquél que le repugnaba. En ningún momento se puede negar la sinceridad de su amor, pero era un amor vil, no por parte de Felipe, sino por Jasmín, quien solo se guiaba por las apariencias, pero demostraría tener un buen corazón al final, sin prejuicios. “Aprenderá a amarme con los ojos vendados”, se decía una y otra vez cuando pensaba en el momento oportuno de contar la verdad, y se aseguraría de que fuese a su modo.

Felipe encontró a alguien que se ofrecía por internet para hackear cuentas, y mandó a hacerlo con todo chico que se acercase a Jasmín para poder evitar que ella se enamorase de otro que no fuese Johan, para manipularla a sentir una dependencia emocional que envenenara hasta su médula, y lo logró.

Ya era hora de sacar las cartas sobre la mesa. Johan escribió el mensaje que lo cambiaría todo. “I´m going to see you tomorrow. Meet me at the airport at three?”. Ella respondió “Are you serious?! OMG, yes!

Felipe siguió a la muchacha y cuando ella se montó en el autobús él siguió con el coche. “Hoy está hermosa. Quiere impresionarme, como debe ser. Menos mal que aun quepo en el traje. Hace como diez años que no me lo pongo. ¿Cuándo me lo puse por última vez? ¿La boda?”, pensaba él mientras se metía en el trance de la victoria con final feliz. Nunca, en ningún momento, contempló el rechazo. Las mujeres y sus pocos amigos apuestos le habían dejado claro que la clave está en la confianza porque a nadie le importa la apariencia, y si es así, es que esa persona es inmadura. “¡Claro! Por eso me rechaza, porque es inmadura, pero ha crecido mucho estos años… Ya puliremos lo que falte”. Y llegaron al aeropuerto.

Jasmín, en la puerta de desembarque, esperó con media hora de antelación manteniendo una sonrisa tímida y una cara sonrojada. Le sudaban las manos de lo nerviosa que estaba. Felipe, a diez metros de distancia y entre multitudes, se paseaba observándola. Él también estaba inquieto y sería puntual. Cada minuto, miraba el reloj.

Dieron las tres.

Felipe se aproximó detrás de Jasmín, se aclaró la garganta y dijo:

Hi, Jasmin. It´s me, Johan.

Jasmín abrió los ojos lo máximo que pudo ante la sorpresa de ese acento español y esa voz medio ronca y madura. Ni siquiera se dio la vuelta inmediatamente porque reconoció esa voz. Ella empezó a temblar y, mientras le caía una lágrima, empezó a girarse cabizbaja con los ojos aun bien abiertos. Levantó la cabeza para ver la cara de su sonriente vecino. Él pensaba que eran amables y sinceros los surcos de su cara. Ella solo vio perversión.

-¡Policía! ¡Policía! ¡Ayúdenme, por favor!

Todo el mundo miró y creó un círculo alrededor de ambas figuras y la policía llegó en cinco segundos. Durante esos segundos, la sonrisa de Felipe fue disipándose mientras sus ojos se humedecían. La chica explicó con histeria lo que el hombre había hecho y le arrestaron. No hubo resistencia. Le encerraron en el calabozo después de hacer el informe. Felipe lo contó todo, sin olvidar detalle. Se podía ver en las caras burlas o asco, o ambas por igual.

Se le puso una orden de alejamiento junto con una multa y tuvo que abandonar su casa inmediatamente para alejarse de la muchacha.

Pasaron cuatro meses y Jasmín no volvió a ver a Felipe. Ahora se sentía segura, aunque a veces se sentía observada, pero se quitaba la idea con que era tan solo paranoia por lo que descubrió del verdadero Johan. Ya empezó la universidad y se mudó a estudiar en la Universidad de La Laguna, lejos de Madrid y de su acosador. Ya no tendría que sentir miedo, pero había algo en el ambiente.

Mientras tendía la ropa, Felipe observaba y fotografiaba con una cámara con muy buen zoom desde un edificio a cien metros de distancia.

-Ya madurarás… ya puliremos lo que falte…-, se decía.

 

 

Elvis Stepanenko

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