Me voy de España, adiós

“Canarias pertenece a España, somos propiedad de ellos, nos tienen encadenados. No somos parte de ella”

“El mantra de la creación de empleo, incluso ahora dice alguno que tiene color verde, que es el futuro inmediato, no deja de ser una falacia. Una farsa con la que engañan y confrontan a una sociedad empobrecida, sabedores que están jugando con las necesidades ajenas más más básicas”

Ustedes me disculpan, pero me quiero pirar de España. Sí, así tal cual suena.

Es necesario marcharse de ese país, urge hacerlo.

No se trata de supervivencia, se trata de empezar a vivir con dignidad y la cabeza bien alta.

Siendo dueños de nuestro destino. De nuestras decisiones. De fijar el rumbo y hacernos con el timón del barco llamado Archipiélago de Las Islas Canarias.

Resulta evidente a estas alturas que no encajamos en un país con el que no me siento identificado para nada, más allá del DNI por imperativo legal.

No quiero formar parte de un país al que Canarias no le interesa. No le importamos gran cosa salvo para saquear nuestros recursos naturales para que la cuenta de explotación de grandes corporaciones, muchas de ellas camufladas de canariedad para beneficiarse de la RIC -Reserva de Inversiones de Canarias-, crezca y se lo lleven crudo en los diferentes sectores económicos.

Históricamente desde España, han tratado de convencernos que somos huérfanos de historia, de tradiciones, de ancestros, de cultura e identidad propia como Pueblo.

Se mofan de nuestro acento, de nuestra particular forma de hablar. No respetan nuestra forma de ser y de sentir la vida. Nos tildan de vagos, de inútiles, de no saber hacer, de vivir subvencionados, de paguitas, que les costamos dinero…

¿Cuántas chorradas más hemos de aguantar para alzar la cabeza con firmeza y determinación? Un pueblo con la autoestima dañada cree que no sabe andar solo, que necesita del otro para validarse de alguna manera, rinde pleitesía y se pliega a las voluntades de terceros. Se vuelve un pueblo sumiso.

La soberbia de la españolidad lleva hasta el extremo su necesidad de enseñar en las escuelas a corregir nuestro particular acento porque hablamos y pronunciamos mal.

Se nos ha negado conocer todo nuestro acervo histórico cultural en los colegios. Sabemos más de España que de la importancia de Risco Caído que es Patrimonio de la Humanidad.

Evitar que, quien aquí vive y nace, tome conciencia de ser poseedor de identidad propia que no se corresponde con la española y se identifique con ella, es lo que suele hacerse con las colonias.

Fabricar desvalidos hace que se llame Madre a otra, – no es que de ti se olvidaran, es la infame coacción- como dijo Secundino Delgado.

Aun así, todos sabemos que Canarias no deja de ser la última colonia de ultramar de ese país llamado España.

Canarias pertenece a España, somos propiedad de ellos, nos tienen encadenados. No somos parte de ella.

España no invierte en Canarias ni la media española por habitante. Basta revisar como todos los presidentes de España firman documentos de acuerdos repletos de intenciones con promesas de equiparación de inversiones con los diferentes gobiernos autonómicos canarios y nunca se cumplen.

Te das cuenta que no es lo mismo pertenecer que ser. No son sinónimos. Nunca lo fueron. Cuando perteneces a otro, tu capacidad de decisión queda sujeta a la voluntad de tu dueño. Quedas limitado sin poder decidir sobre los asuntos que son importantes. Otro lo hace por ti según sus intereses, no los nuestros.

Canarias comienza a existir para ellos, evidentemente, tras la conquista. Y basta revisar la historia para darnos cuenta que querernos, lo que se dice querernos, no nos quieren mucho.

Le da igual nuestras condiciones de vida. El analfabetismo reinante aún tiene cuotas elevadas.

Los niveles de pobreza campan a sus anchas en una sociedad dañada a pesar de crecer el número de visitantes turistas.

¿Cómo es posible que casi 900 mil canarios/as vivan en situación de pobreza y exclusión social?

Ahora construimos casas para venderlas a extranjeros. Hasta la misma prensa española confirma que 1 de cada 3 casas se vende a foráneos, como si aquí tuviésemos espacio terrenal ilimitado para seguir levantando tabiques por doquier.

A este paso construyen un Resort en el Roque Nublo si los dejamos. Ya hay quien propuso poner un teleférico y casi cuela la broma. Así que no lo descartemos si nos despistamos.

Esta situación de desprecio y menosprecio permanente facilita todo proceso de manipulación y por consiguiente de sentar las bases definitivamente de una colonización sólida y asentada donde los/las canarios/as carecen de la más mínima soberanía de ningún tipo.

Mientras quienes aquí viven, quienes trabajan por y para Canarias y nacen en estas islas, están más preocupados de las papas pal caldo que otra cosa.

Esa necesidad es esencial y vital en cualquier sociedad. Pero en Canarias da lugar a que los poderes económicos, políticos y mediáticos dicten qué hacer o deshacer sin encontrar mucha resistencia civil en la propia Sociedad Canaria.

– Virgencita que me quede como estoy- dicen muchos.

Por otro lado, observamos la destrucción del territorio como norma, no puede ni debe ser avalada en nombre del manido mantra de la creación de empleo, el beneficio económico y el progreso. El suelo, que es limitado en Canarias, no puede soportar todo en nombre de la actividad económica desaforada.

Basta de cemento, basta de destrucción. Basta ya porque esto se nos está yendo de las manos.

El mantra de la creación de empleo, incluso ahora dice alguno que tiene color verde, que es el futuro inmediato, no deja de ser una falacia. Una farsa con la que engañan y confrontan a una sociedad empobrecida, sabedores que están jugando con las necesidades ajenas más más básicas.

Parece que vender la tierra a trozos, en parcelas, a cachos, para particulares negocios de terceros, fuese el maná divino llovido del cielo de los iluminados políticos que contribuyen con esa causa tan dañina.

Lo más triste es que dicen ser canarios cuando realmente son fieles vasallos del poder político, económico y mediático de esa madrastra arbitraria que es España.

El camino es largo, a veces solitario. Qué le vamos a hacer. El desierto a veces se hace duro, pero hay que transitarlo.

Canarias no se merece nuestra dejadez y abandono. Canarias se merece que la defendamos nosotros, que la amemos porque es nuestro hogar, nuestra casa.

Canarias es un espacio natural del que sentirse orgulloso, pero con el deber de cuidarla y atenderla. Un hogar se conserva, no se maltrata. Un hogar es el punto de encuentro de quienes se han criado y vivido en él. Tiene historia. Tradiciones. Cultura e identidad propia.

Pero Canarias hoy se siente huérfana, abandonada y en su interior llora la pérdida inevitable de su propia identidad dañada por la inconciencia de muchos de nosotros que silenciamos su grito y no nos atrevemos a alzar la voz para dar un puñetazo sobre la mesa y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Sin miedos. Ya somos adultos.

La otra opción es Mochila y palante. Irse. No queda otra. ¿O si hay alternativa?

Porque nuestra casa ha dejado de ser nuestra. Los dueños son otros.

Sálvese quien pueda y como quiera – dirán algunos.

La deriva del barco canario no pinta nada bien en manos de quienes está hoy.

Otra Canarias es posible. Sí.

Aunque no lo será mientras la inconciencia mayoritaria nos siga dominando.

Mientras los miedos sociales al qué será de nosotros -miedos inculcados- sigan aflorando descontroladamente gobernando cada decisión, cada acto, cada palabra, cada pensamiento y no hagamos una reflexión serena y sosegada de la realidad de los miedos imaginados.

Mientras se siga con la defensa de los intereses ajenos de terceros, que ni siquiera viven aquí.

Mientras sigamos justificándolos porque nos dan un salario, sólo veremos destrucción a nuestro alrededor en esta tierra canaria en los próximos años y que venimos viendo ya, día a día.

Duele la vista de tanto cemento. De molinos por doquier en tierra utilizados como instrumento de inversión privada y pronto los veremos en nuestro océano azul frente a nuestras costas.

Y ellos, los políticos que están al frente, tan tranquilos que están. No quieren que pienses, que les cuestiones, que discrepes de esta vorágine de moda. Hasta se atreve alguno a llamarnos retardados, neonegacionistas y obstructores inconscientes del progreso.

Han perdido hasta la vergüenza. Nos insultan en nuestra cara.

Ni el Quijote habría disfrutado tanto en su particular lucha junto a Sancho contra tanto molino.

Incluso él habría quedado deslumbrado por el reflejo de las emergentes miles de placas solares que empiezan a ocupar terrenos agrícolas y en breve también lo harán en el mar en forma de Parques Eólicos Marinos cuyos molinos alcanzarán 270 metros de altura por encima del nivel de mar.

No verás el horizonte azul atlántico, verás aspas de molinos. Hermoso paisaje.

Tiempo al tiempo. Lo verás. No tengas dudas.

Y te dirán que seremos una potencia exportadora de energía limpia. Qué bonito suena eso de LIMPIA mientras el precio a pagar es nuestro propio territorio que es toda una bendición de la Naturaleza y la vida.

No cortan un pelo, los políticos, en permitir el avasallamiento de nuestro patrimonio arqueológico para construir resorts.

¿Lo entiendes? Yo no.

No dejemos de luchar por nuestros derechos y nuestra soberanía, esa capacidad de decisión sobre nuestro destino, nuestro rumbo, el de todos/as los que aquí habitamos sintiendo en el corazón este territorio fragmentado en Islas.

Aun así, no basta, no es suficiente. No alcanza.

Canarias necesita de serios cuidados. Nuestra atención. Mimos urgentes, pero no aprendemos.

Seguimos en la retranca del pasado con quienes no saben conectar con la gente de estas islas. No saben, ni quieren conjugar necesidades vitales con un plan viable y realista.

No vislumbran un nuevo modelo no basado en monocultivos, ya sea turístico, agrícola y ahora energético, todo con principio y fin.

Esa historia que se repite en Canarias una y otra vez con los mismos cantos de sirena que anuncian bonanza, bienestar y el milagro de un progreso que difícilmente se sostiene en el tiempo por falta de visión, de atrevimiento y de respeto hacia unos territorios limitados, muy limitados. Donde no cabe todo, ni siquiera los antojos momentáneos.

Estamos ausentes de un rumbo, no hay guía, estamos sin una coherencia que nos permita un desarrollo sostenible en el tiempo, sin que ello implique destruir el entorno y perder calidad de vida.

Así nos va mientras todos miramos a otro lado creyendo que la fiesta no va con nosotros.

Aquello de lo que no se toma conciencia, no se comprende y, por ende, ni se afronta. No se resuelve, sino que se niega y se rehúye la verdad de un presente ingrato y un futuro desalentador.

Hace falta que tengamos más valor y coraje también para parar este desmadre.

Pero oiga, sigamos con su erre que erre sin discurso, sin propuestas. Hablando del sexo de los Ángeles.

Canarias necesita personas que la defiendan, con claridad de ideas, con firmeza y determinación, con la cabeza alta, pero con un plan factible, realizable pero fuera de España. Necesitamos ser una nación libre a todos los efectos para poder dotar nos de las leyes y pilares que defiendan nuestra tierra y nuestros intereses. Sin tener que esperar por Madrid o Bruselas para poder avanzar o tomar las decisiones que necesitamos.

El camino es largo, pero hay que comenzar a dar pasos o ya no habrá marcha atrás.

Lo contrario es un fracaso rotundo de todos/as nosotros /as, los canarios y canarias a quienes duele este desaguisado que vivimos.

Hasta luego, no sé si nos veremos en el camino.

Suerte a todos.

 

Ricardo González

 

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