¿Salvar el turismo?

En pocas ocasiones se pudo ver a un pueblo que lucha por fomentar la precariedad laboral, que lucha por mantener una tasa de riesgo a la pobreza alta, que lucha por mantener un modelo económico empobrecedor”

Salvemos el turismo”, “nuestro turismo no es seguro”, “con todos los inmigrantes ilegales que llegan, el turista no quiere venir”, “no es por racismo, es de lo que vivimos” etc. Son algunas de las afirmaciones utilizadas para justificar la discriminación racista. Una corriente encabezada por Onalia Bueno, esa alcaldesa que declaró preocuparse por las personas hacinadas en el muelle de Arguineguín y luego los expulsa de su pueblo en una guagua para que se encarguen otros. Afortunadamente, la verdadera respuesta del pueblo canario sucedió de forma espontánea aquel día y demostraron a la alcaldesa y sus seguidores en qué consiste preocuparse, en qué consiste la empatía, en qué consiste ser humano.

A todas estas personas que se manifiestan ahora para salvar al turismo, aunque nunca lo hicieron para apoyar la lucha contra la precariedad laboral de numerosos colectivos dentro del sector servicios, les voy a decir que se pueden quedar tranquilos y que si tienen ganas de salir de excursión con la bandera de España, que sean francos en sus reivindicaciones y dejen de justificar conductas de discriminación con presuntas preocupaciones que aparecen justamente ahora. En pocas ocasiones se pudo ver a un pueblo que lucha por fomentar la precariedad laboral, que lucha por mantener una tasa de riesgo a la pobreza alta, que lucha por mantener un modelo económico empobrecedor.

Estas personas pueden estar tranquilas, porque en la llamada “crisis de los cayucos” del año 2006, la cifra de las personas que llegaron a Canarias mediante la ruta atlántica ascendió a algo más de 30 mil personas, mientras que el sector turístico no notó ningún descenso en la llegada de visitantes.

Pero el problema es que el turista se asusta porque están en los hoteles, es inseguro por eso”. Quién dice esto es el mismo que a finales del año pasado tenía miedo por los turistas que llegaban a Canarias cambiaran su destino a favor de países que se consideraban poco seguros durante esta década. Por si alguno se le escapa el detalle, los turistas de masas continúan visitando grandes ciudades con una alta diversidad cultural y étnica, como Barcelona o Madrid. Además, la principal razón para explicar la ausencia de turistas es la pandemia. Y, por último, quienes están creando un verdadero problema o alarma de cara al exterior es el que se manifiesta pidiendo que saquen a menores de los hoteles y exigiendo deportaciones, por dos razones: la primera es que fomentan un clima imaginario que proyecta una visión problemática dentro de nuestra región, cuando las personas que han llegado no están creando ningún inconveniente (es la pésima gestión la que está enquistando la situación y económicamente ya estábamos mal). Y, en segundo lugar, que aquellas personas que no perciban esa situación preconcebida como peligrosa, la percibirán como xenófoba y muchos no van a querer un destino cuya población experimenta brotes racistas. Por lo que, en todos los casos, tiran piedras sobre su tejado.

Podemos ver a través de la gráfica, disponible en el ISTAC, que durante el año 2006 no hubo ningún tipo de incidencia en la llegada de turistas extranjeros. La tendencia es incluso mayor que el año anterior y no es hasta la crisis económica de los años posteriores cuando vemos un decrecimiento significativo en la tendencia. De hecho, durante el año 2007 se proclamó a los cuatro vientos que los datos del sector en el año 2006 fueron de “récord”, y es cierto que se registraron máximos históricos en la llegada de visitantes hasta ese momento.

Lo que si destaca es el crecimiento en la llegada de turistas a partir de 2011. Este fenómeno no se trasladó positivamente en algunos indicadores económicos de nuestras Islas y su población. Por ejemplo, en la “tasa de riesgo de pobreza” del INE: desde 2011 hasta 2019 se mueve entre valores del 27,5% al 35%. El año que se registra una mayor tasa (35%) es el mismo año en el que experimentamos una mayor tasa de crecimiento en la llegada con respecto al año anterior y una de las etapas con mejores datos en este sector, el año 2016.

J. Pablo Monzón




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