Violencia invisible

Se dice de la violencia que no vemos o percibimos, bien porque no podemos o bien porque no queremos.

Lo que claramente está ahí, queda invisibilizado, negado. Cerramos los ojos, cubrimos nuestros oídos y cancelamos nuestra capacidad de empatía. No es verdad, no existe, no hay nada.

Uno de los factores que puede afectar a la hora de anular la empatía es situarse del lado del agresor. Esto, a priori, pudiera parecer una actitud descabellada en personas que se declaran feministas. Pero, con la profunda misoginia incrustada en las sociedades de todo el planeta, las agresiones a las mujeres son nuestro pan de cada día, las vivimos con cotidianidad. Esto nos genera sensación de normalidad en acciones que en realidad son de profunda violencia, y el hecho de enmarcarlas dentro de la normalidad las aboca al agujero de lo invisible, lo que no existe, lo que no es cierto.

Y, en nuestra batalla por no creer lo evidente, damos la espalda al sufrimiento de masas de mujeres, les negamos la ayuda y el apoyo necesario y las señalamos con el dedo para decirles que lo que reclaman no existe, no existió y por lo tanto, ellas mienten. Son el fraude que queremos ver para tapar nuestro propio dolor. Porque duele que, esta vez, el agresor sea tu hermano, tu novio, tu amigo, tu compañero de vida, tu padre. Porque nos duele verles señalados más de lo que nos duele que [email protected] intentemos tapar los actos horrendos que cometieron. Duele pensarlos del otro lado, duele creer que son capaces, duele enfrentar la decisión y preguntarnos qué debemos hacer para actuar con coherencia. Y, mientras, las víctimas se comen su dolor, aisladas, solas, sin credibilidad ni apoyos.

Solas, siempre solas.

Locas, siempre locas, inventando hechos inexistentes.

Malas, siempre malas, generando daño por puro placer.

Invisibles, siempre invisibles, sus historias, su dolor, su verdad.

Culpables, siempre culpables. Mientras mantengamos complicidad con los agresores, mientras les justifiquemos, mientras no les lancemos su culpa a la cara no liberaremos de esta a las mujeres.

No es fácil asumir la realidad de la misoginia social, y menos aún nuestra propia misoginia. 

No es fácil romperlo todo para volver a empezar.

No es fácil renunciar al mundo en el que vivimos.

No es fácil asumir la decepción. 

Pero es imprescindible.

Si queremos que algo de verdad cambie, ir al fondo del asunto y escuchar a las masas de mujeres a las que nadie cree, nadie ayuda y [email protected] señalan, por malas, por culpables y por mentirosas.

Nos urge posicionarnos, se lo debemos a ellas y nos lo debemos a nosotras.

 

 

Fayna Brenes Quevedo 

 




Un comentario sobre “Violencia invisible

  • el 4 octubre, 2018 a las 10:08 pm
    Permalink

    De quién… sino de nosotras mismas?
    Hoy la mano representativa de la justicia se burlo de la ilusión de una mujer que esperaba obtener la tenencia de sus hijos. La tildó de mentirosa, manipuladora e hija de puta.
    Sepanlo de una vez! El machismo de las togas nos quiere en calladitas, guapas y obedientes. Debemos ayudarnos entre nosotras, solidarizarnos, buscar la forma de parar los golpes, el miedo y las muertes de nuestros hijos…
    Nosotras, nosotras mismas!

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×